El 18 de junio nos reunimos en Sevilla las personas de la AP y Acit para evaluar y celebrar con una convivencia el final de curso. En el marco de la programación que el grupo Social de la IT local ha desarrollado este año, Fernando Sancho Royo, profesor de Ecología de la Universidad de Sevilla nos ofreció la charla “La ciencia y el pensamiento religioso: lectura crítica de Laudato si”.

Comenzó calificando la encíclica como valiente y revolucionaria y destacó dos aspectos generales:

  1. El marco de análisis es claramente franciscano. El ser humano en el mundo, dentro del mundo y formando parte inseparable de él.
  2. Razón y fe, ciencia y religión, están en una tensión permanente y el papa Francisco quiere superar ese enfrentamiento, tiene la voluntad de hermanar el conocimiento científico y la visión religiosa.

Bien común, un concepto que nos une y nos responsabiliza

Fuimos haciendo un repaso de todos los apartados, conscientes de cómo el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos: “…nada de este mundo me resulta indiferente…”; “…unidos por una misma preocupación…”.

Un elemento básico es el concepto del bien común. Habla del clima como bien común y sus repercusiones en todo el planeta: la cuestión del agua; la pérdida de biodiversidad que va en contra de la creación; el deterioro de la calidad de vida humana y la degradación social.

Puntos destacados de su análisis

  • Es un documento con una clara dimensión política (13).
  • Tiene una voluntad pedagógica por el lenguaje coloquial y directo.
  • Su discurso es ecologista y “antisistema” (57) llama a una conversión ecológica que implica una nueva concepción social.
  • Desde su comienzo cruza puentes con otras religiones (3, 7, 62).
  • Une el origen de los más pobres con el deterioro ambiental (16, 48, 49).
  • Reconoce las fuertes resistencias a su proclama (14, 217).
  • Cuestiona las bases de nuestro modelo económico y social.
  • Alerta contra las apropiaciones del capital especulativo de recursos en países en desarrollo (38).
  • La objeción más grave que se puede hacer al texto es la negación de la superpoblación como un problema capital de la crisis ambiental (50), y en este sentido contradice el respeto mostrado por la ciencia (60).
  • Parece que no acaba de asumir la evolución biológica como un proceso natural, o que si lo hace es con reservas, sin acabar de incorporar las propuestas insinuadas ya por Teilhard de Chardin a pesar de citarlas a pie de página (83).

Francisco como cabeza de la iglesia ha dado un paso fundamental empujando los límites que hasta el momento marcaban su enseñanza, para colocarlos en el s. XXI. Con él se abre un camino inexplorado.

Rico diálogo en sala

En el diálogo que mantuvimos en sala se habló de la sensibilidad de hoy para este camino: nos resulta fácil la crítica al sistema, pero difícil que nuestros estilos de vida sean solidarios. El papa es valiente al presentar esta denuncia que tardará años en asumirse, pero tendrá repercusión.

Hay un cambio de paradigma. La doctrina social de la Iglesia ha sido clara, pero esta encíclica “toca” de otra manera, porque el medio ambiente es transversal. El concepto de la ciencia ecológica es tan nuevo que él es de los primeros en iniciar el diálogo de la fe con la ciencia.

Las abundantes referencias a las conferencias episcopales parecen tener una intencionalidad en reforzar la colegialidad.

También se aborda la falta de un “esqueleto”, de una síntesis, el ir y venir sobre los temas, o escribir con método para evitar las repeticiones… que facilitaría el análisis.

Da una visión universal: habla para la iglesia, para los que están fuera de la iglesia, para políticos, para todos en general.

Al final terminamos con una cena compartida durante la cual muchas personas tuvimos ocasión de seguir dialogando con Fernando sobre cuestiones que se nos habían suscitado.

Rosa Dolores Pérez.
Sevilla, 23 de junio.