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Al estilo de los primeros cristianos

fresco-paleocristianoSan Pedro Poveda promovió un amplio movimiento de espiritualidad seglar cuyo centro está hoy constituido por la Institución Teresiana la asociación de laicos por él fundada.

Dentro de la obra de Poveda, la referencia a los primeros cristianos recoge uno de los aspectos fundamentales de su pensamiento: la idea de volver al cristianismo originario, que estaba tan próximo y tan convencido del mensaje de la Encarnación: que Jesús, el Hijo de Dios, asume todo lo humano cuando nace de María en Belén.

El fundador de la Institución Teresiana pone el acento en la vocación arrolladora de los hombres y mujeres de la primitiva Iglesia porque fueron capaces de cambiar la Historia con el testimonio de una fe vivida en lo cotidiano, inmersos en las realidades terrenas de las que formaban parte. Poveda creyó en la fuerza de un cristianismo vivido así, en la entraña del mundo, hecho aliento, levadura, sal. Creyó en la fuerza de la fraternidad, de la tolerancia, de la mansedumbre, de la humildad.

Lo humano, lleno de Dios

ruedasancrisVida humana verdadera

Yo quiero, sí, vidas humanas (...) pero como entiendo que esas vidas no podrán ser cual las deseamos si no son vidas de Dios, pretendo comenzar por henchir de Dios a los que han de vivir una verdadera vida humana; por consagrar a Dios a los miembros de la familia en que ha de imperar ese verdadero humanismo. (...)

Dios se inclina hacia el hombre; el hombre propende hacia Dios; la humanidad fue tomada por el Hijo de Dios -Dios como el Padre- para no dejarla jamás, y esa humanidad adorable, en la persona divina fue elevada a su mayor perfección. Lo humano perfeccionado y divinizado, porque fue henchido de Dios. 

La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al propio tiempo humano, con el humanismo verdad.

San Pedro Poveda (1916), Publicado en Amigos fuertes de Dios, página 94.

Creí, por eso hablé

Creí; por esto hablé; mas yo he sido sumamente abatido. Sal 115, 1.

Campanario

Creer bien y enmudecer no es posible; lo dice el Real Profeta o sea el Espíritu Santo por boca de David. Creí, por esto hablé. Es decir, mi creencia, mi fe no es vacilante, es firme, inquebrantable, y por eso hablo. Los que pretenden armonizar el silencio reprobable con la fe sincera, pretenden un imposible. Los verdaderos creyentes hablan para confesar la verdad que profesan; cuando deben, como deben, ante quienes deben y para decir lo que deben (...).

Mas yo he sido sumamente abatido. Contrariedades, persecuciones, sufrimientos, martirio, todo ello, viene como consecuencia legítima. Así aconteció al Maestro, y “no ha de ser el discípulo más que su maestro, ni el siervo más que su Señor”.

San Pedro Poveda (1920), Publicado en Amigos fuertes de Dios, páginas 131-132

Puntos de luz

salyluz2Comunidades laicales

Se necesita ampliar en la Iglesia el espacio y la comprensión para la santidad laical. Los fieles laicos han de encontrar en las comunidades eclesiales los puntos de luz que les sirvan de referencia diaria para una lucha también diaria.
Hay urgencia de contribuir y fomentar estas asociaciones, que sostienen la espiritualidad de los laicos mediante comunidades donde se comparte la fe, se alienta el testimonio y se forjan respuestas cristianas a las provocaciones de la vida.
Las dimensiones de encarnación y de historicidad son el camino obligado por donde ha de pasar la santidad concreta del creyente laico.
“La Encarnación bien entendida… la santidad más verdadera”, como dijera Poveda.

Angeles Galino, Para que el mundo crea, 1988.

Con dulzura se educa

Aprended de mi que soy manso. Mat. 11, 29.

Estimo que los tiempos presentes reclaman de un modo especial el ejercicio de esta virtud. Porque las injusticias, la rebelión, la confusión, el desprecio de las cosas santas excitan la ira y convierten en amargo y áspero el celo. “Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se invita a la virtud (…) con dulzura gobierna bien, con dulzura se hace todo lo bueno ... Si preferimos la acritud, la reticencia, la sequedad, la ira, la impaciencia, la brusquedad, la insolencia, no es porque entendamos que así hacemos más bien al prójimo. Es porque así nos resulta mas cómodo, mas fácil y, mas a nuestro gusto”.  No hay que hacerse ilusiones, la mansedumbre, la afabilidad, la dulzura son las virtudes que conquistan el mundo”.

San Pedro Poveda (1920), Publicado en Amigos fuertes de Dios, página 204

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