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Sí, tampoco ahora es suficiente “figurar entre los buenos”, hay que “hacer bien a todos, hacer bien lo que hacemos” porque los hechos “dan testimonio de lo que somos”. Cuando nuestro hacer sea intachable, cuando el rechazo y las críticas que suscite, contraste “con ese hacerlo bien todo”, “¿cómo no han de enmudecer?” “Cuando se den cuenta de que hacéis el bien”, de que vuestras palabras son coherentes con vuestro estilo de vida, vuestra forma de actuar, no tendrán más remedio que callar o caer en el ridículo. Actuad con libertad, “no temiendo a la censura, ni al qué dirán”, sin esconderse ni ocultarse, “sin provocaciones ni imprudencias”, sin presunción ni adulación; pero “con valentía e intrepidez”. No seamos “tan temerosos” que “nos asuste y acobarde la audacia” de los contrarios; “no confundamos la imprudencia y provocación con el uso y ejercicio de nuestros derechos”.

Con parecidas palabras comenta Poveda el texto de 1P 2,15-16 donde el apóstol san Pedro se dirigió a aquellos cristianos para expresarles la voluntad de Dios: “Dios quiere que silencies la ignorancia de las personas necias haciendo lo correcto. Vive como persona libre, pero no te escondas detrás de tu libertad cuando haces el mal. En cambio, usa tu libertad para servir a Dios”. Y sigue diciendo Poveda: “La aplicación a nuestro caso es bien sencilla”. Vosotras, mujeres comprometidas, educadores y profesionales cristianos “unid a la fe las obras”. “No conseguiréis que os alaben, ni que os hagan justicia, ni que confiesen la verdad; pero si les hacéis enmudecer no habréis conseguido poco.” Y es que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas” (Woody Allen).

San Pedro Poveda, Creí, por eso hablé, [154]. 14 de febrero 1920.