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En años de postguerra civil y recién terminada la II Guerra Mundial, Josefa Segovia pide valentía para mirar la muerte y aprender la lección de valorar la vida.

“Como consecuencia de las guerras sufridas, nos acostumbramos a hablar de bajas en los frentes de batalla…” También anota la cantidad de cifras de personas que sufren las consecuencias políticas y sociales de la guerra que se leen diariamente en la prensa sin que conmuevan ni sorprendan y los mensajes que esta situación provoca en muchos: “Vivir bien, mientras se vive”, “buscar la muerte cuando no se goza”, “quitar la vida al prójimo cuando el prójimo estorba”, “quitársela a sí mismo cuando la fortuna es adversa”.

“Mirando a la muerte […] estimad mucho y haced estimar mucho la vida […] Cuando la enfermedad se presente, recibámosla sin rebeldías […] Miremos a la muerte con el respeto que merece, pero con el gozo del que confía y espera.” (Carta, 15 de sept. 1946)

Hoy nuestro frente de batalla no solo está en los hospitales; está también en la calle de tantos que no tienen techo, ni recursos; en tantos hogares que mantienen allí a sus enfermos porque los hospitales están colapsados, o porque deciden que su persona amada muera rodeada del cariño de los suyos. Nuestro frente de batalla está en donde se toman decisiones para impedir que otros no se aprovechen ni se enriquezcan a costa de los más débiles; nuestro frente de batalla está en los espacios de investigación buscando medicamentos o vacunas eficientes; nuestro frente de batalla está en los que intentan ofrecer verdad en la información, así como ánimo y consuelo…

Y nuestros valientes son quienes, mirando por un “balcón de luz”, se enfrentan diariamente a la ‘muerte’ y aprenden a valorar la vida acompañando, investigando, buscando con ingenio miles de formas de solidaridad, de humanidad…; quedándose en casa unos, o saliendo a trabajar otros; porque saben, y aunque no lo sepan, que el Dios Padre-Madre de todos camina a nuestro lado y nos ha prometido la Vida.

Aplaudimos.