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1939. En España termina la guerra civil y comienza un tiempo difícil de postguerra y estado totalitario. Muerte, exilio, prisioneros políticos; carencias alimentarias, de servicios y bienes industriales; censura… En el mundo estalla la II Guerra Mundial con un legado de víctimas mortales aterrador.

Y en este tiempo difícil, Josefa Segovia, esa mujer de ojos abiertos, bajo la protección de Jesús, Príncipe de la Paz, lanza a toda la Institución Teresiana un reto para el curso 39-40:

“Debemos acostumbrarnos a mirar el mundo no por un agujero, sino por un balcón lleno de luz, y asomarnos a ese balcón del universo, sentir deseos muy vehementes de hacer mucho, siempre más por Jesucristo y por su Iglesia.

“La universalidad de nuestra Obra, sus amplios horizontes, nos están poniendo alas para el vuelo, pero ya que estas alas son tan pequeñas, como las de una pobre mariposa, a lo menos, no hemos de encerrarnos en nuestra concha llenas de pesimismo y temor, sino que hemos de mirar la extensión de los males humanos, y aplicar nuestro ingenio, para contribuir con nuestra pequeñez a conseguir la suspirada paz de los pueblos”. (Carta anual, 15 de sept. 1939)

Hoy, 2020. Pandemia mundial coronavirus COVID-19. Podemos mirar por un agujero, o podemos abrir los ojos a ese balcón lleno de luz que es el amor, alas nuevas que destierran el pesimismo y el temor para enfrentar el mal que nos aqueja, que enciende nuestro ingenio para contribuir a conseguir la salud y la solidaridad. Nos llegan todos los días, minuto a minuto gestos concretos de humanidad que aplaudimos diaria y puntualmente a las 20 h. Aplaudimos y agradecemos también al Dios de la Vida que camina con nosotros.