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Sois la sal de la tierra III: sal que mantiene la vida

 

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En estos meses uno de los hashtags que están circulado por las redes es #noscuidamostodos. El cuidado se nos descubre como un valor central en la vida social que lleva a cultivar un modo de ser personal que está atento a los demás, que expresa su solicitud hacia los otros y las otras, y especialmente quienes son más vulnerables, que dice con las obras concretas: “tú me importas”, “no paso de ti”. El cuidado es el modo práctico de expresar el amor a través de nuestras palabras y nuestras acciones.

Sois la sal de la tierra II: sal que cura

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En estos meses el papa Francisco nos preguntaba: “¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia?”.

Sois la sal de la tierra I: dar sabor

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En estos meses, desde que iniciamos con la pandemia del Covid19, una de las palabras más repetida en conversaciones, noticias, reflexiones… es incertidumbre: ¿recuperaré o encontraré trabajo?, ¿cómo doy de comer a mis hijos/as?, ¿iniciarán en septiembre los colegios, universidades…?, ¿habrá cantidad suficiente de medicamentos para combatir esta enfermedad?, ¿podremos viajar?… y así un largo etcétera. La incertidumbre se ha colado en la vida cotidiana y afecta a las personas de muy diversas maneras: genera miedo, inquietud… lleva a encerrarse en sí mismo o en los propios grupos, se acentúan las dinámicas de autodefensa y división, incluso de indiferencia ante el sufrimiento físico, social, económico de muchas personas… Preocupados por lo que pasará, podemos olvidarnos del tú que camina a nuestro lado y dejar de colaborar en todo aquello que contribuye a una vida buena para todos y todas. La inestabilidad agrieta la esperanza y el futuro se percibe como amenaza y no como posibilidad.

La oración, la única fuerza

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Dice Poveda[1] que “la oración es la única fuerza de que dispone la Obra teresiana”.

La oración, la relación con Dios, es la llamada que Él nos hace sin descanso porque desea encontrarse con nosotros. “He deseado ardientemente…” palabras y gestos de Jesús en los que se acerca, toca, escucha, mira, cita,… a las personas para que estén con Él. Encuentro que es invitación a seguirle, a conocerle más y mejor, a colaborar en su proyecto de vida y de salvación para todos y cada uno.