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No es suficiente parecer bueno…

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Sí, tampoco ahora es suficiente “figurar entre los buenos”, hay que “hacer bien a todos, hacer bien lo que hacemos” porque los hechos “dan testimonio de lo que somos”. Cuando nuestro hacer sea intachable, cuando el rechazo y las críticas que suscite, contraste “con ese hacerlo bien todo”, “¿cómo no han de enmudecer?” “Cuando se den cuenta de que hacéis el bien”, de que vuestras palabras son coherentes con vuestro estilo de vida, vuestra forma de actuar, no tendrán más remedio que callar o caer en el ridículo. Actuad con libertad, “no temiendo a la censura, ni al qué dirán”, sin esconderse ni ocultarse, “sin provocaciones ni imprudencias”, sin presunción ni adulación; pero “con valentía e intrepidez”. No seamos “tan temerosos” que “nos asuste y acobarde la audacia” de los contrarios; “no confundamos la imprudencia y provocación con el uso y ejercicio de nuestros derechos”.

Con parecidas palabras comenta Poveda el texto de 1P 2,15-16 donde el apóstol san Pedro se dirigió a aquellos cristianos para expresarles la voluntad de Dios: “Dios quiere que silencies la ignorancia de las personas necias haciendo lo correcto. Vive como persona libre, pero no te escondas detrás de tu libertad cuando haces el mal. En cambio, usa tu libertad para servir a Dios”. Y sigue diciendo Poveda: “La aplicación a nuestro caso es bien sencilla”. Vosotras, mujeres comprometidas, educadores y profesionales cristianos “unid a la fe las obras”. “No conseguiréis que os alaben, ni que os hagan justicia, ni que confiesen la verdad; pero si les hacéis enmudecer no habréis conseguido poco.” Y es que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas” (Woody Allen).

San Pedro Poveda, Creí, por eso hablé, [154]. 14 de febrero 1920.

Vidas entregadas libremente y por amor

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Mensaje de la Directora de la Institución Teresiana para el Jueves Santo 2020

Al atardecer del Jueves Santo entraremos con la comunidad cristiana en el triduo pascual, unos días que llamamos “santos” porque en ellos vamos a celebrar y revivir el misterio central de la fe cristiana, unos días en los que vamos a acompañar de manera especial a Jesús en su pasión, en su entrega, en su muerte y en su resurrección.

“Estimad y haced estimar mucho la vida

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En años de postguerra civil y recién terminada la II Guerra Mundial, Josefa Segovia pide valentía para mirar la muerte y aprender la lección de valorar la vida.

“Como consecuencia de las guerras sufridas, nos acostumbramos a hablar de bajas en los frentes de batalla…” También anota la cantidad de cifras de personas que sufren las consecuencias políticas y sociales de la guerra que se leen diariamente en la prensa sin que conmuevan ni sorprendan y los mensajes que esta situación provoca en muchos: “Vivir bien, mientras se vive”, “buscar la muerte cuando no se goza”, “quitar la vida al prójimo cuando el prójimo estorba”, “quitársela a sí mismo cuando la fortuna es adversa”.

“Mirando a la muerte […] estimad mucho y haced estimar mucho la vida […] Cuando la enfermedad se presente, recibámosla sin rebeldías […] Miremos a la muerte con el respeto que merece, pero con el gozo del que confía y espera.” (Carta, 15 de sept. 1946)

Hoy nuestro frente de batalla no solo está en los hospitales; está también en la calle de tantos que no tienen techo, ni recursos; en tantos hogares que mantienen allí a sus enfermos porque los hospitales están colapsados, o porque deciden que su persona amada muera rodeada del cariño de los suyos. Nuestro frente de batalla está en donde se toman decisiones para impedir que otros no se aprovechen ni se enriquezcan a costa de los más débiles; nuestro frente de batalla está en los espacios de investigación buscando medicamentos o vacunas eficientes; nuestro frente de batalla está en los que intentan ofrecer verdad en la información, así como ánimo y consuelo…

Y nuestros valientes son quienes, mirando por un “balcón de luz”, se enfrentan diariamente a la ‘muerte’ y aprenden a valorar la vida acompañando, investigando, buscando con ingenio miles de formas de solidaridad, de humanidad…; quedándose en casa unos, o saliendo a trabajar otros; porque saben, y aunque no lo sepan, que el Dios Padre-Madre de todos camina a nuestro lado y nos ha prometido la Vida.

Aplaudimos.

 

 

Mira el mundo por un balcón lleno de luz

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1939. En España termina la guerra civil y comienza un tiempo difícil de postguerra y estado totalitario. Muerte, exilio, prisioneros políticos; carencias alimentarias, de servicios y bienes industriales; censura… En el mundo estalla la II Guerra Mundial con un legado de víctimas mortales aterrador.

Y en este tiempo difícil, Josefa Segovia, esa mujer de ojos abiertos, bajo la protección de Jesús, Príncipe de la Paz, lanza a toda la Institución Teresiana un reto para el curso 39-40:

“Debemos acostumbrarnos a mirar el mundo no por un agujero, sino por un balcón lleno de luz, y asomarnos a ese balcón del universo, sentir deseos muy vehementes de hacer mucho, siempre más por Jesucristo y por su Iglesia.

“La universalidad de nuestra Obra, sus amplios horizontes, nos están poniendo alas para el vuelo, pero ya que estas alas son tan pequeñas, como las de una pobre mariposa, a lo menos, no hemos de encerrarnos en nuestra concha llenas de pesimismo y temor, sino que hemos de mirar la extensión de los males humanos, y aplicar nuestro ingenio, para contribuir con nuestra pequeñez a conseguir la suspirada paz de los pueblos”. (Carta anual, 15 de sept. 1939)

Hoy, 2020. Pandemia mundial coronavirus COVID-19. Podemos mirar por un agujero, o podemos abrir los ojos a ese balcón lleno de luz que es el amor, alas nuevas que destierran el pesimismo y el temor para enfrentar el mal que nos aqueja, que enciende nuestro ingenio para contribuir a conseguir la salud y la solidaridad. Nos llegan todos los días, minuto a minuto gestos concretos de humanidad que aplaudimos diaria y puntualmente a las 20 h. Aplaudimos y agradecemos también al Dios de la Vida que camina con nosotros.

 

 

“Tengo mi esperanza segura, mi confianza firme”

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En la víspera de la fiesta de la Encarnación Josefa Segovia nos invita a vivir la confianza, en estos momentos de sufrimiento, porque el que confía en Dios es “como un árbol plantado junto al agua que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”. (Jer., 17,7-8)

 

 

“Comencé a ejercitarme en la confianza...y con la confianza cerraba los ojos a la noche y los abría a la mañana [...] me compenetré tanto con ella, que ahora, venga lo que viniere, sobrevenga lo que sobreviniere, yo tengo mi esperanza segura, mi confianza firme...” (Josefa Segovia, Cartas, #81)

 

A la luz de la confianza en el Dios que abraza a toda la humanidad “…hemos de ver nosotros todos los acontecimientos humanos. Ella ha de infundirnos más segura esperanza, cuanto más difíciles sean las circunstancias por las que veamos pasar a la humanidad…” (Cartas, #173)