Síguenos en y

web1

¿Esperanza? En un contexto de inseguridad creciente, con cifras de fallecidos y hospitalizados insoportable, la producción y el consumo en descenso y su impacto en el número de desempleados, la falta de ingresos en las familias, los centros y comedores escolares cerrados, que privan a niños y niñas de familias sin recursos, de una comida diaria, empresas en quiebra, pobreza creciente... ¿podemos hablar de esperanza?

La crisis del coronavirus ha levantado el velo sobre los desajustes internos de los servicios sanitarios, la educación, la riqueza, la justicia, el medio ambiente, la ciencia, las creencias, la política y ha vuelto a recordarnos la fragilidad de la vida humana. Esta pandemia nos ha puesto y ha puesto al mundo patas arriba.

¿Esperanza? Sí, es urgente alimentar la esperanza para redescubrir la dimensión justa y solidaria de la economía y una nueva manera de habitar el planeta, la necesidad de una educación de calidad y una sanidad para todos, la responsabilidad de la política, la importancia de la fe y la transcendencia. En un libro reciente, Paolo Giordano decía: “En tiempos de contagio somos parte de un único organismo; en tiempos de contagio volvemos a ser una comunidad”. Y el Papa Francisco, " ...con esta tempestad se cayó el maquillaje con el que disfrazamos nuestros egos y dejó al descubierto una vez más esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos, esa pertenencia de hermanos"; y en su homilía del día de Pascua invitaba a responder a la epidemia con "el contagio de la esperanza".

¿Esperanza? Sí. En este tiempo de confinamiento, aunque parezca una paradoja, está siendo una ocasión para re-encontrarnos con nosotros mismos y con los demás. Hemos tomado conciencia de que nuestra vida no depende solamente de nosotros y de nuestras elecciones. Nuestra atención individual de reconocimiento y solidaridad hacia los demás, cuenta en la colaboración de una construcción más grande y en el bien común de todos. Este tiempo está despertando en nosotros lo humano. Los términos proximidad, vecindario, humanidad o ciudadanía, encuentran ahora su sentido real.

¿Esperanza? Sí. Para la comunidad de creyentes, el relato evangélico del Resucitado es la fuente de nuestra esperanza. Como a las mujeres del Evangelio, también a nosotros se nos invita a volver sobre nuestros pasos y dejarnos transformar por Él, que siempre nos precede moviendo las piedras que nos paralizan.

Hoy, en este tiempo de oscuridad e incertidumbre, la fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda, es esta esperanza: "La vida arrancada, destruida en la cruz, ha despertado y vuelve a latir" (Evangelii nuntiandi). Esperanza que no podrá ser robada ni silenciada, pero sí, vivida y contagiada.

Por Carmen Serrano Navarro

Granada, 8 de mayo 2020

 

 

Buscar