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Juan Luis Ruiz-Giménez Aguilar: ‘Pasó haciendo el bien’

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Quien te conoció, te quiso

Así decía uno de los textos de los muchos ramos de flores y coronas que llegaron al tanatorio. La destaco porque, además de los muchos compromisos, luchas y liderazgos, Juan Luis era un hombre bueno en el más amplio sentido de la palabra, ejemplo de coherencia, discreto, elegante, poco ruidoso. Una persona colosal, también con carácter y con el que podía haber diferencias, pero siempre manteniendo a continuación y de inmediato, un punto de reencuentro para caminar y avanzar hacia un mundo más justo y solidario.

Agradecemos la vida de don Antonio Algora, pastor y amigo

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Hace unos días comunicábamos el fallecimiento de don Antonio Algora. Hoy queremos expresar a través de dos voces, Anna Almuni e Inma Pache, lo que ha significado para la Institución Teresiana su persona como obispo y como amigo, constructor de ciudadanía desde un diálogo que nace de la escucha profunda.

Sobre la gratitud

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Carmen Azaústre, directora de la Revista Crítica, nos presenta en este artículo la nueva sección de la Revista, Artículos en el recuerdo, “que nos acercará la voz todavía latente en nuestra memoria” de las personas que han escrito en la revista “fallecidas en este periodo y continuaremos con otras voces significativas que dejaron su reflexión y huella en las páginas de esta centenaria revista”.

‘Es tarde, pero es nuestra hora’

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Unos versos de Pedro Casaldáliga presentan el último libro de Emma Martínez Ocaña publicado por la Editorial Narcea. En él, la autora comparte en “un lenguaje más coloquial” y “en femenino porque el sujeto es la persona” su vivencia y reflexión, guiadas “por el deseo de comprender las causas de lo que le pasó a Jesús de Nazaret y su comunidad y tratar de ver de qué manera esa realidad puede iluminar las causas de nuestra situación”, “descubrir con la mayor lucidez posible qué nos ha conducido hasta este momento histórico y no solo hasta esta pandemia” tal y como ella nos confiesa. 

Cuidar, cuidarse, cuidarnos

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En este torrente inesperado que nos está llevando a lugares donde solo en la ficción habíamos podido imaginarlos, el cuidado ha logrado instalarse en el centro de la vida ciudadana. Ya lo era en las familias, en los espacios asistenciales y en los sanitarios. La novedad de estos últimos meses está en el hecho de que se incentiva desde la gestión política, proponiéndolo como el medio más eficaz para no enfermar y para curarnos. Su responsabilidad deja de estar asignada a personas determinadas porque ahora se reclama como una actitud y una práctica de reciprocidad que involucra a toda la población. Se insiste, como si fuera una novedad, que cada persona se protege protegiendo a las demás, se cuida cuidando su entorno cercano, que nadie se salvará solo.

Habla Hannah, de Caná. 

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La vi una sola vez en mi vida, en Caná, hace ya muchos años. Era una invitada especial a la boda del hijo de la casa. Se llamaba María, y era la madre de Jesús, muy amigo del novio. Allí estaba ella[1], entre todos. Escuchaba atenta, sonreía dulcemente, decía alguna palabra, miraba discreta. Miraba… y veía. Conmigo cruzó algunas miradas.

Repicar de campanas

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Vivimos en un mundo inquieto, agitado e inseguro ante lo desconocido, llegado por sorpresa; las noticias no dejan de bombardearnos, pero no son las estadísticas impactantes y asustadoras las que ayudan a comprender la realidad; otros aspectos, vitales y concretos, despiertan la solidaridad y abren perspectivas humanizadoras. Poder sentarnos, permanecer quietos y confinados, alertan sobre lo distraídos que estamos y lo fuertes que son las adiciones cotidianas del trabajo y las agendas.

Alimentar la esperanza en tiempos de Covid-19

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¿Esperanza? En un contexto de inseguridad creciente, con cifras de fallecidos y hospitalizados insoportable, la producción y el consumo en descenso y su impacto en el número de desempleados, la falta de ingresos en las familias, los centros y comedores escolares cerrados, que privan a niños y niñas de familias sin recursos, de una comida diaria, empresas en quiebra, pobreza creciente... ¿podemos hablar de esperanza?

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