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Seamos ciudadanos responsables y personas con corazón esperanzado y generoso en este tiempo de pandemia.

Europa es ya el nuevo epicentro de la epidemia por coronavirus y el norte de Italia y Madrid son los puntos más álgidos. Nuestro gobierno decretó el estado de alarma, estamos viviendo días de un intenso y agotador trabajo en los hospitales, y mucha información en el mundo digital y RR SS. Por ignorancia o inconsciencia tal vez, hemos visto nuestras plazas llenas de abuelos con niños y jóvenes que desoyen las indicaciones de las autoridades; pero también hemos escuchado aplausos en la noche desde las ventanas de nuestros edificios para agradecer la labor de tantos que están en primera línea.

Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, nos urge a redescubrir “la fe y la esperanza, la solidaridad y el cuidado de la vida, la nuestra y la de las otras personas que nos rodean y por supuesto la alegría, la verdadera, la que nace de dentro y que nada ni nadie nos puede quitar”. En estos momentos en que “todos los países y continentes están implicados en la lucha contra el mismo virus, os invito a mirar la realidad de cada día, personal y colectiva, con la mirada de Dios, para saber entender lo que estos acontecimientos nos van diciendo”.

Camino Cañón, directora del Sector Nuestra Señora de Covadonga, España, recuerda que es momento de cumplir con la mejor disposición las directrices emanadas por estamentos civiles y eclesiásticos; es momento de agradecer los servicios de toda persona que desde su profesión y ocupación está arriesgando su salud por vencer este mal que nos ha sobrevenido: personal sanitario, de limpieza y transporte, de residencias de mayores, del ámbito de la alimentación y la información…; es momento de cuidar la vida implicándonos en ello de corazón y con generosidad. Por ello invita a “ofrecer gestos de cercanía creativa en medio del aislamiento” que se nos reclama, y de manera especial, “a los más afectados por motivos de edad o de estado de fragilidad”.

¿Cómo ser ahora sal que da sabor, que cura heridas, que cuida la vida? ¿Cómo ser ahora cristianos “comunes en lo exterior, singulares en lo interior”, es decir, cómo transmitir con gestos sencillos un sentido profundo de vivir comprometidos y unidos con los más afectados por esta situación, no solo sanitaria sino también económica, desde la esperanza y con confianza?

Contagiemos alegría

Nos puede pasar que “ofrece alguna dificultad mantenerse alegre” en este escenario, y sigue Pedro Poveda en una carta a Josefa Segovia, directora de la IT, en el año 1925: “…si la alegría se funda en lo de afuera, vendrá y marchará según los acontecimientos, pero si se hace radicar en el corazón, […] no habrá peligro. Cuando lo de afuera nos mueva a tristeza, echemos la mirada hacia dentro y encontraremos la alegría. Es un recurso del que tendrás que echar mano con frecuencia […] Allí hallarás siempre motivo para estar alegre, aunque te rodeen los acontecimientos más lúgubres”.

Y es que no se trata de refugiarnos en una alegría superficial que nos esconde por un rato la realidad, sino de contagiar esa alegría verdadera que nos da ánimo para hacer frente a la dificultad, a no dejarnos vencer por el mal, sino a encontrar esos mil recursos que poseemos, que nos hacen creativos y solidarios.

“Ahora es tiempo de redoblar la oración…” y cuidar

Sí, ahora es tiempo de orar más, “de sufrir mejor”, de derrochar amor gratuito, “de hablar menos, de vivir muy unidos a nuestro Señor, de ser muy prudentes”, “de consolar”, “de alentar”, “de tener y dar paz”. Palabras de Poveda a profesoras de centros públicos al inicio de un curso de orientación el 17 de julio, fecha en que estalla la guerra civil española y a pocos días de su muerte como nos recuerda Maite. Palabras que nos urgen a crear gestos nuevos y poner corazón en lo cotidiano, cuidando la vida, la de todos.

Este domingo hemos contemplado el evangelio del encuentro de Jesús con la Samaritana junto al pozo. Junto al pozo, donde vamos a saciar nuestra sed, ojalá sepamos descubrir a Jesús pidiéndonos de beber. Hay pozos que no sacian la sed. Pero si estamos conectados con el manantial de la vida, podremos sin duda ser testigos de esperanza y de alegría.