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“Son varios los temores de fondo que producen sufrimiento no físico y llegan a producir el deseo de morir: el profundo miedo a la soledad, el temor a perder el control y a la dependencia, el temor a ser una carga para sus familias y la sociedad”, apuntaba D. Javier de la Torre, director de la Revista Iberoamericana de Bioética y profesor de Bioética y Teología Moral en la UPC en los momentos finales de su exposición La eutanasia. Un desafío a nuestras conciencias y a la sociedad. “¿Qué hacer para paliar el sufrimiento de nuestros mayores y enfermos?”, se preguntaba después de hacernos conscientes de que no solo el dolor físico y la enfermedad producen en los pacientes el deseo de morir.

El tema de la eutanasia ha tenido un espacio en las tertulias que ofrece todos los miércoles el Centro Cultural Alameda en Madrid, el 5 de febrero.

En primer lugar, D. Javier describió el contexto actual donde surgen nuevos modos de pensar y actuar ante el sufrimiento al final de la vida. Aclaró el concepto de eutanasia desde tres claves fundamentales: existe una petición deliberada, voluntaria, expresa y reiterada; es aplicada por el profesional sanitario, realizada sin dolor y en interés de la persona; se produce en una enfermedad irreversible. Puntualizó qué no es eutanasia y enumeró los acuerdos compartidos en esta materia: licitud de la limitación del esfuerzo terapéutico, el derecho al rechazo de tratamientos fútiles o desproporcionados, la sedación que permite evitar el sufrimiento en situaciones irreversibles y enfermos terminales, el valor de voluntades anticipadas, el derecho a saber y no saber, la necesidad de planificación de cuidados.

A continuación identificó cuatro grandes modelos de legislación sobre este tema; dio pautas para comprender el cambio de la forma de pensar sobre la eutanasia en la sociedad actual española; y recorrió la posición de la Iglesia desde principios del cristianismo, donde la eutanasia era una práctica frecuente y las comunidades cristianas actuaron como comunidades de contraste por su actitud de cuidado hacia los enfermos y especialmente a enfermos desahuciados, hasta el siglo XX donde señala cómo la Congregación para la Doctrina de la Fe condena el encarnizamiento terapéutico.

Ofreció también algunos “argumentos para el debate”:

1. Pendiente resbaladiza: ¿Se puede aprobar una ley de eutanasia sin que se produzcan deslizamientos hacia casos no deseables o ampliaciones a un número cada vez mayor de casos?
2. Consecuencias sociales: ¿Cuáles son las consecuencias para los más vulnerables de la sociedad? ¿Se trata de evitar el sufrimiento producido por causas sociales?
3. Consecuencias médicas: ¿Cuáles son las consecuencias para los profesionales de la medicina?
4. Cinismo social: En la situación actual de deterioro de nuestro sistema sanitario, ¿no tenemos de deber prioritario de proporcionar unos cuidados paliativos de calidad para todos? ¿Se alivia suficientemente el dolor en todos los casos?
5. Cuestiona la autonomía del sujeto: El paciente, invadido ya por el sufrimiento, incluso por la depresión muchas veces, ¿es verdaderamente libre y autónomo para decidir su muerte?

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Desafíos elementales

¿Qué hacer para paliar el sufrimiento de nuestros mayores y enfermos, y el de sus cuidadores? Javier de la Torre insiste en la necesidad de “mejorar y garantizar los cuidados paliativos, apoyar y favorecer las Asociaciones y Amigos de Mayores y Enfermos”, entre otras propuestas.

Terminó su exposición, antes de abrir el diálogo en sala, con tres síes: “Sí a cuidar, sí a acompañar, sí a aliviar el dolor”.

 

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