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Somos las historias que vivimos. Las historias que vivimos nos configuran para bien y para mal. Las historias de los chicos inmigrantes ex tutelados son para no olvidar. Cuando ser joven es una celebración al cumplir los 18 años, los chicos inmigrantes que residen en centros de acogida sienten el vacío bajo sus pies al ver acercarse su 18 cumpleaños.

Quienes han venido en pateras o viajado en los bajos de un camión, o de polizonte en un ferry, quienes han pasado noches de desiertos innombrables en África y han sufrido extorsiones y abusos en manos de mayores y mafias... encuentran una cierta paz al llegar con 15 o 16 años a nuestros centros de acogida. Allí tienen un lugar donde dormir tranquilos y reiniciar una nueva historia para vivir; posibilidades de formación, de conocer a personas que los acompañen en su proyecto vital, de asistir a cursos que les den posibilidades de empleo.

Pero al cumplir los 18 años, cae todo el suelo bajo sus pies y de nuevo reinician su viaje hacia ninguna parte. Han de salir de estos centros y, a veces, tienen la suerte de encontrar un piso de mayoría de edad en salesianos, o algunas fundaciones que, con presupuestos limitados, tienen algún recurso. Pero son los menos. Una gran parte de estos chicos (hablo en masculino, porque la presencia de chicas es anecdótica en esta realidad), se ven de nuevo en situación de calle con una documentación precaria, pendiente de renovar y sin un permiso que les habilite para tener acceso a un trabajo. De nuevo con la calle por frontera y su patria en sus zapatos.

En esta situación se encuentran unos 25 chicos en Jaén. Hay asociaciones como Poblado Mundo que los acompañan en esa fría e inhóspita calle y como Rajab, que los conoce con nombres y apellidos, porque muchos de esos chicos han pasado por sus aulas.

Ante esta realidad, un grupo de voluntarios/as de varias asociaciones de Jaén iniciamos un proceso de trabajo en Red que ha ido dando sus frutos en reuniones, propuestas de trabajo, escritos a la administración y… la posibilidad de una casa de acogida. Hemos trabajado en Red en plena pandemia Cáritas, Maristas, Proyecto Rajab, InteRed, Secretariado de Migraciones, Poblado Mundo, Fundación D. Bosco… El pasado 22 de diciembre conseguimos un sueño acariciado en muchas ocasiones y este era abrir un nuevo recurso de acogida de jóvenes ex tutelados: la Casa Nuestra Buena Madre.

Días de trabajo, sueños, reformas, compra de materiales, instalación de duchas, calentadores para el agua, pizarras, limpieza, instalación wifi, decoración... Más sueños… Hasta que conseguimos trenzar una red con las manos de los jóvenes que entraban en la casa, junto con las de adultos y jóvenes voluntarios y trabajadores sociales. Nos supimos parte de una historia, creando nuevas historias para los jóvenes que llegaban de la dura e inhóspita calle de Jaén, a ser acogidos por una red que ha generado un trabajo conjunto que sigue sorprendiéndonos gratamente, a la vez que nos deja llenos de incertidumbre a partes iguales.

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Los jóvenes tienen un papel fundamental en este espacio: son chicos de entre 18 y 20 años que han entrado a formar parte de esta familia y otros jóvenes voluntarios de 18 a 25 años que forman parte del voluntariado de InteRed y de Rajab, algunos de ellos inmigrantes que se han formado en Rajab y ahora manifiestan su deseo de compartir lo que ellos mismos han recibido.

Sentir la Navidad como una llamada a trabajar por la dignidad de la persona es algo que todos y todas tenemos claro y abrir esta casa en plena Navidad no deja de emocionar a quienes soñamos con un mundo más humano y habitable. Sentimos que hemos ofrecido acogida y esperanza a jóvenes con los que podemos volver a iniciar un proyecto, un horizonte de sentido en sus vidas.

Sabemos la dificultad de la tarea: sin documentación, sin posibilidad de un trabajo, con permisos de residencia denegados, algún flirteo con las drogas… Pero creemos que darles un lugar, un espacio, unas personas que pronuncian su nombre con ternura, un teléfono al que llamar en dificultades, unos rostros que saludan con una sonrisa y con quienes poder hablar... no les dejará indiferentes.  Porque el amor nunca deja indiferente a nadie. Porque el amor y la ternura es parte de esta historia, de estas historias que estamos construyendo y que nos van definiendo en nuestro ser y estar.

Somos aquello que soñamos y aquello por lo que luchamos. Somos estos chicos porque, pensando en ellos hemos acariciado este proyecto y con ellos seguiremos aprendiendo, ellos nos irán dando las pautas para continuar caminando.

Si es de Dios, todo tendrá sentido y tomará cuerpo en ellos. Nosotros, quienes colaboramos desde Rajab e InteRed con la espiritualidad de la Institución Teresiana, tenemos claro que el trabajo en Red tiene ahora más sentido que nunca. Sabemos que los jóvenes tienen un lugar destacado y que la misión que nos convoca está presente en esta historia, en estas historias. Sentimos el carisma de Poveda lanzándonos a la calle: “Los jóvenes todo lo podéis”, “hasta que Cristo se forme en vosotros”, “singularísimos con la singularidad del Espíritu”, “las obras son las que dicen con elocuencia lo que somos”, “comenzar haciendo”.

Somos parte de una historia. Seguimos trenzando historias. Bienvenidos, bienvenidas a esta historia.

“Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos”.  Eduardo Galeano

Por el Equipo Rajab