La visita del papa León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias ha dejado en la Institución Teresiana una experiencia compartida de emoción, gratitud y compromiso.
María del Carmen Aragonés, Directora del Sector de España, recoge con claridad uno de los mensajes que atravesaron la visita: “Que no sea la economía, ni el poder, ni la imagen lo que prime, sino que sea de verdad la persona”. Para ella, las palabras del Papa invitan a “humanizar los espacios donde estamos” y a defender la justicia, la equidad y la dignidad de cada persona”. (Ver vídeo de la entrevista a María del Carmen Aragonés)
Personas vinculadas a la IT participaron en distintos encuentros celebrados durante esos días y destacan una llamada común: poner la dignidad humana en el centro, mirar la realidad desde Cristo y seguir construyendo esperanza allí donde la vida se hace más frágil.
Desde Madrid, Barcelona y Canarias, los testimonios y experiencias compartidas subrayan que la visita no fue solo un acontecimiento eclesial multitudinario. Fue también una invitación a reconocer el dolor del mundo, acompañar a quienes viven situaciones de vulnerabilidad y vivir la fe como servicio, presencia y misión.
Madrid: una Iglesia que agradece, celebra y se muestra viva
En Madrid, la participación de miembros de la Institución Teresiana permitió vivir una experiencia de Iglesia amplia, agradecida y convocante. Los actos celebrados en la ciudad mostraron la fuerza de una comunidad que reza, celebra y también acompaña realidades concretas de vulnerabilidad.
En las imágenes podemos observar a miembros de la Institución Teresiana que pudieron participar y asistir en los diferentes eventos del Papa León XIV en Madrid. También participaron representantes del Gobierno de la Institución Teresiana en España, como Elsa Estevez, y Maria Rita Martín Vicedirectora General, que podemos ver en la foto junto con Mónica Navarro, así como miembros de la IT presentes en distintos lugares.
En total, en Madrid asistieron unas 175 personas vinculadas a la Institución Teresiana entre los distintos actos del Papa. Su presencia expresa una experiencia compartida de fe, comunión y alegría, vivida en un contexto amplio de Iglesia y abierta también a la sociedad madrileña.
Agustina de la Peña destaca que el acto le permitió ver a la diócesis de Madrid “agradeciendo su presencia, pero también transmitiendo lo que vive”. En su testimonio subraya la importancia de mostrar la vida de las parroquias, de Cáritas, de la acogida de inmigrantes y de toda la labor que realiza la Iglesia.
María Pilar Oñate destaca la respuesta del pueblo de Madrid, más allá de los propios ámbitos eclesiales: “Me ha parecido que el pueblo de Madrid ha respondido muy bien, cristianos y no cristianos”. Para ella, la experiencia deja una alegría compartida y una llamada a la misión: “ Nos vamos con mucha alegría, con más ganas de trabajar y de ser verdaderamente misioneros, y de seguir todo lo que ha dicho el Papa, que no es poco”.
También hubo testimonios marcados por la emoción personal. Soledad Briones, que acudió a la misa del Papa con un grupo de la Institución Teresiana de Madrid, expresaba antes del encuentro: “Estoy súper emocionada, ilusionada… Es la primera vez que voy a ver un Papa”.
Esa vivencia se expresó también desde el servicio. Loudette Pascua participó como voluntaria en la misa de Cibeles y cantó en el coro familiar de su Iglesia de Madrid en el Bernabéu. “Me siento bendecida y agradecida por haber participado en la visita del Papa León a Madrid”, afirma. Su testimonio añade una nota sencilla de gratitud y fe: “No cantaba solamente por el Papa. Por encima de todo, cantaba para Dios”.
Jóvenes, silencio y esperanza en el centro de la ciudad
La presencia de los jóvenes fue uno de los aspectos más significativos de la visita. Adriana González, de ACIT Joven, recuerda especialmente “el paseo de la Castellana sin coches ni peatones, lleno de millones de personas emocionadas, arrodilladas y haciendo silencio ante el Santísimo”.
Para ella, fue también muy emocionante vivirlo con el grupo de la Institución Teresiana y escuchar referencias a San Pedro Poveda. La experiencia se convirtió en un momento de pertenencia, memoria y fe compartida.
María del Carmen Aragonés recoge también el mensaje dirigido a los jóvenes. Recuerda que León XIV les dijo que “tenían el poder de cambiar el horizonte del mundo”. Sus palabras resonaron especialmente en un contexto en el que muchas personas jóvenes afrontan incertidumbre, falta de sentido, dificultades laborales y problemas de acceso a la vivienda.
Trabajo, redes y cultura al servicio de la persona
En Madrid, María del Carmen Aragonés destaca también el encuentro en el Movistar Arena, donde se habló de “tejer redes” en el mundo del trabajo. Un espacio que, recuerda, no es solo económico, sino que tiene también incidencia cultural, social y política.
En ese marco, el mensaje del Papa apuntó a la necesidad de una alianza y de un diálogo social entre empresa, sindicatos y todas las personas implicadas en un ámbito decisivo para la vida de cada ser humano.
También resonó la importancia del arte y de la belleza. María del Carmen Aragonés menciona “la belleza de la creación, de la danza, de la música” como parte de una experiencia que abre caminos para mirar la realidad con más hondura.
Barcelona: dignidad, cercanía y compromiso social
Tras Madrid, la visita continuó en Barcelona, donde los encuentros pusieron el acento en la cercanía a las personas más vulnerables, la belleza, la reconciliación, la salud mental y la búsqueda de sentido.
En la iglesia de Sant Agustí, el encuentro con entidades sociales permitió visibilizar el trabajo de la Iglesia junto a realidades de pobreza, fragilidad y exclusión. Para quienes participaron, fue un momento de gran sencillez y profundidad.
Neus Edo Ximenes recuerda la cercanía del Papa desde su entrada en la iglesia: “Miraba a los ojos a las personas, transmitiendo cercanía y serenidad”. También destaca que sus palabras ayudaron a sentir “su apoyo y reconocimiento a la labor que realizamos”.
Magdalena Alcover comparte esa misma impresión desde el encuentro en Sant Agustí: “Su presencia, cuando entraba y cuando salía, era pura paz. Solamente su presencia ya comunica”. Para ella, los testimonios escuchados en aquel espacio “te cogen el corazón”.
La dignidad humana apareció aquí como una clave central. No como una idea abstracta, sino como una llamada concreta a reconocer a cada persona, especialmente a quienes viven situaciones de sufrimiento, precariedad o marginación.
María del Carmen Aragonés lo expresa desde esa misma clave: el Papa defendió que “los pobres tengan voz y palabra y puedan vivir con dignidad”. Una dignidad que nace del reconocimiento de cada persona como hija de Dios y que impulsa a construir relaciones verdaderamente fraternas.
Mirar a Cristo para mirar mejor la realidad
La celebración en la Sagrada Família fue vivida por Mª Magdalena Alcover Amengual como una experiencia especialmente significativa. Recuerda la luz que atravesaba las vidrieras y llenaba el templo de colores, hasta tener la sensación de que aquella luz “ya no entraba solamente en la basílica, sino que brotaba de ella hacia la ciudad”.
Desde esa experiencia, resume una de las claves de lo vivido: “Mirar a Cristo no significa apartar la vista de la realidad. Significa aprender a verla más profundamente”.
Esa mirada conecta con el carisma de la Institución Teresiana: una espiritualidad encarnada, atenta a la realidad, que busca poner en diálogo la fe, la cultura, la educación y el compromiso social. La fe no aleja del mundo, sino que invita a reconocer en él una llamada a la compasión, la justicia y la fraternidad.
Acoger el dolor y sostener la esperanza
En Barcelona, los encuentros estuvieron también marcados por testimonios duros, especialmente vinculados al sufrimiento, la fragilidad y la salud mental. Varias voces destacan que León XIV supo acoger ese dolor y responder desde una esperanza cristiana concreta.
Begoña Cocho, que participó en la vigilia en Barcelona, describe al Papa como “una presencia serena y valiente”. Para ella, León XIV “sabe acoger el dolor de la gente” y transmite una esperanza que nace de mirar a Jesús y reconocer que “donde Dios está hay esperanza y es posible algo mejor”.
María del Carmen Aragonés subraya también esta dimensión. En el Estadio Olímpico Lluís Companys, afirma, se hizo presente “el dolor del mundo”. Un dolor provocado a veces por sociedades que excluyen, que exigen demasiado y que dejan a muchas personas en la depresión, el sinsentido o el vacío.
El Departamento de Comunicación de España agradecemos la colaboración de todas las personas que nos habéis enviado imágenes y testimonios mediante vídeos y textos.
Gracias Magdalena Alcover, María del Carmen Aragonés, Nieves Arce, Inmaculada Balfagón, Soledad Briones, Begoña Cocho, Neus Edo, Adriana González, Rosario Marín, Simon Mangono, Mónica Navarro, Loudette Pascua, María Pilar Oñate, Agustina de la Peña, miembros y colaboradores de la Institución Teresiana, en especial Acit Joven y Departamento de Información General.