En un momento donde las noticias parecen vaticinar un destino inevitablemente gris, Yayo Herrero -activista, profesora, investigadora y divulgadora de temas vinculados a la Ecología, Economía Social y Desarrollo Sostenible- propone una salida que no pasa por la resignación, sino por la acción colectiva. Su libro, ‘Metamorfosis. Una revolución antropológica’ (2025), es mucho más que un ensayo sobre ecología; es un manual de supervivencia para el siglo XXI.
¿Qué me atrapó de este libro? Y es que no son muchos los volúmenes que me atrapan. Yayo nombra la realidad que vive con rigurosidad científica y desde diferentes miradas complementarias. Nombra la realidad sin miedo a ser tachada de catastrofista: “Me niego a no nombrar”. Pero, al mismo tiempo, el lector encuentra páginas donde desaparece el vocabulario científico, y surgen palabras sencillas nacidas de la experiencia vital y del corazón.
No, no tiene nombre propio lo que friega, ni lo que calienta, ni lo que acaricia, ni lo que siembra, ni lo que abona, ni lo que cuida, ni lo que recoge, ni lo que alimenta. Sigue sin tener nombre cuando a la mañana siguiente vuelve a fregar, calentar, acariciar, sembrar, abonar, cuidar, recoger, alimentar. Y al día siguiente y al otro. Sin nombre.
Empezar por poner nombre propio a lo que el ojo desatento no ve.
Metamorfosis, p. 21
Y si la realidad que describe es dura y especialmente negativa, nunca deja de asomarse con fuerza el desafío, el reto y la esperanza activa que impulsa al compromiso por el cambio hacia un horizonte más prometedor. Además señala caminos de resistencia y construcción colectiva. Mira el futuro con confianza y esperanza. En su libro podemos encontrar un diagnóstico de la realidad, una propuesta de cambio y unos ejes para el camino.
Diagnóstico: Cultura del extravío
Yayo explica que la sociedad occidental se encuentra en una encrucijada. Hemos construido un sistema basado en un capitalismo centrado en la extracción intensiva y a gran escala de recursos naturales que ignora los límites de la naturaleza, lo que ella denomina la cultura del extravío. Este alejamiento de nuestra condición terrestre nos ha llevado a una crisis que no solo afecta al clima, sino también a la economía y a nuestra propia identidad como seres humanos.
Propuesta: Metamorfosis del saltamontes
La autora utiliza una metáfora fascinante para iluminar sendas posibles hacia el cambio. A diferencia de los gusanos de seda, que se aíslan en un capullo para transformarse, afirma que debemos imitar a los saltamontes. Estos animales mudan varias veces, hasta alcanzar la madurez, su cubierta externa rígida -que recubre todo su cuerpo y que actúa como una armadura protectora-, pero nunca dejan de estar activos ni de alimentarse. Insiste Yayo en que no podemos encerrarnos y esperar a que suceda el cambio; la metamorfosis social debe ocurrir mientras seguimos viviendo, cuidándonos y organizándonos. Mientras figuras como Elon Musk sueñan con escapar a Marte, la autora recuerda que nuestra única realidad es la Tierra y la tarea urgente es volver a “ser terrestres”.
Quizás lo primero sea callar y reconocer sin tapujos las consecuencias del extravío. Abrir un silencio que ayude a escuchar y traducir el conocimiento de todas las criaturas. Y quizás así comenzar la frágil tarea de reparación. De volver a ser terrestres.
Metamorfosis, p. 123
La vida en el centro
Metamorfosis no es solo un análisis crudo de la realidad; es una invitación lúcida y bella a imaginar otro mundo posible. No podemos negociar con los límites de Gaia (la Tierra), pero sí podemos elegir una metamorfosis social que proteja todas las vidas. Yayo presenta siete ejes en este proceso complejo de reconstrucción, y el primero es “poner la vida en el centro”.
En tierra firme también hay olas
Si la palabra nombrar -con las reflexiones y experiencias que Yayo desarrolla sobre este concepto durante todo el libro- me atrapó, hay otra que aparece al final: olas. Explica cómo surgen las olas gigantes y cómo surfearlas “es un delirio”. Pero…
En tierra firme también puede haber olas. Olas que, cuesta arriba, se levantan contra los monstruos del desamor. Olas compuestas de lágrimas, sudor y saliva. Olas pequeñas que en un suelo herido, rugoso y rebelde se apelotonan, suman, se multiplican y se metamorfosean en un poder.
Las olas son viento, tierra, agua, aire y energía. Las olas terrestres son voluntad, compromiso, deseo y amor.
Metamorfosis, p. 368
¡Buena lectura!
Por Pilar de F. Vilanova
Foto: A Chosen Soul en Unsplash.