El Domingo de Ramos es una buena ocasión para reflexionar y dejarse interrogar por los hechos ocurridos en los días anteriores a la celebración de la Pascua judía en la ciudad de Jerusalén, el año de la Pasión de Jesús de Nazaret. Emma Martínez Ocaña ofrece datos, se hace preguntas y rinde su “especial hosanna lleno de gratitud a quienes están entregando su vida por amor”, hoy. Ofrecemos aquí algunos fragmentos de su artículo.

QUÉ CELEBRAMOS EN EL DOMINGO DE RAMOS

Los datos históricos que pueden rescatarse de lo que la comunidad cristiana celebra el domingo de Ramos hablan de un acontecimiento modesto. Jerusalén se convertía durante las fiestas de la Pascua judía en una ciudad mundial, la capital religiosa del mundo judío dentro del Imperio Romano. Judíos del mundo entero se desplazaban en esas fechas a Jerusalén.

No debemos olvidar que lo que se celebra en esas fiestas es la liberación de la esclavitud del faraón. Hay sin duda nostalgia y esperanza, también ellos están ahora bajo el poder de otro imperio, el Romano. La situación es peligrosa y Pilatos en esos días se desplaza hacia Jerusalén para reforzar la seguridad y evitar cualquier subversión.

Como en toda fiesta muchos grupos van entrando en la ciudad cantando su alegría por estar llegando a la Ciudad Santa. Entre otros grupos también están acercándose a Jerusalén el grupo de quienes acompañaban a Jesús y sí parece un dato histórico que entra montado en un asno. Los que le acompañaban contagiados por el clima festivo y expectantes por la pronta llegada del Reino de Dios, que tanto predicaba Jesús, comienzan a aclamarlo, gritando “Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor”, mientras se unían a ese grito cada vez más personas, cortando ramas de árboles o extendiendo túnicas a su paso. Expresaban su deseo de la llegada del Reinado de Dios y seguramente su agradecimiento a Jesús. En principio era un homenaje espontáneo de quienes venían con él y debieron de contagiar a algunos otros peregrinos.

Un gesto peligroso y simbólico

El gesto además de peligroso era simbólico. Montando en un asno, Jesús se presenta no como un personaje ilustre sino como un profeta de un nuevo orden opuesto al que estaban viviendo. Su entrada humilde puede leerse como una sátira y burla de las entradas triunfales que organizaban los romanos. Hacía solo unos días que el prefecto romano había entrado en Jerusalén “montado en su poderoso caballo, adornado con todos los símbolos del poder imperial” (1). La entrada de Jesús muestra simbólicamente el anti-reino al poder dominante. El reino que Jesús anuncia es de paz, justicia y proclamando el poder de Dios.

Hoy nos preguntamos:
  • ¿Qué esperan y qué están proclamando y exaltando ese grupo de personas que aclaman a Jesús? ¿Cómo entienden el “poder de Dios”? […]
  • ¿En qué consistía ese poder? […]
  • ¿Qué nos pasa que después de 21 siglos seguimos, en gran parte, con la misma dinámica? […]
  • ¿Nos dirá algo esencial ese extraño modo de entender el poder que tenía Jesús de Nazaret? ¿O seguiremos aclamando a quienes ejercen el poder tiranizando a continentes enteros, a colectivos, a personas empobrecidas…con tal de que no nos toquen nuestros privilegios y “poderes”? […]
¡¡Hosanna!!

En este domingo de Ramos, quiero rendir mi especial hosanna lleno de gratitud a quienes están entregando su vida por amor, cuidando, sanando, acogiendo, limpiando, proporcionando alimentos, protegiendo a la población, enterrando a los muertos. También va mi homenaje a quienes están denunciando, desenmascarando mentiras, des-velando las causas de esta situación, tomando decisiones no siempre fáciles, ni seguras, ni siempre acertadas, ni seguramente oportunas… pero buscando el bien común, tratando de no dejar a nadie atrás, velando por las personas sin hogar, emigrantes, mujeres en riesgo, niños y niñas…

Es decir, a quienes ponen a las personas por encima de la economía, aunque eso les atraiga el odio, ira y el desprecio de quienes preferirían poner el dinero o el poder por encima de la salud y la vida, de quienes quieren tapar las causas de la falta de medios y el desvalimiento del estado de bienestar que venimos sufriendo desde hace tiempo.

Hoy, domingo de Ramos, levanto mi palma y les digo gracias por vuestro proceder. Seáis o no cristianos, estáis haciendo verdad el sueño de Jesús: hacer creíble que la vida se gana o se pierde en función de cómo hayamos amado, porque lo que nunca muere es el amor entregado.

Ojalá aprendamos algo de esta celebración más allá de ir en procesión y emocionarnos por esa experiencia.

Puede leer y descargar el texto completo aquí.

Por Emma Martínez Ocaña

28 de marzo de 2026

(1) PAGOLA, J.A. o.c.p.357.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.