¿Qué se puede hacer en verano, una época para aprender muchas cosas divirtiéndose a la vez? El Proyecto Socioeducativo Creciendo organizó un Campamento Rural en Linares durante el verano 2025 para que jóvenes y animadores pudieran aprender a quererse y querer mejor. Así lo cuenta Sofía, joven voluntaria, que afirma: “mi experiencia fue intensa y constructiva. Aprendí mucho sobre mi profesión (maestra) y mi persona”.
Durante ocho días (4-11 de julio), un grupo de diecisiete adolescentes entusiastas y sus monitores convivieron en la sede del Centro Sociocultural y Educativo Pedro Poveda, en Linares (Jaén). Esta ciudad les descubrió su particular cultura estival por medio de unas actividades que tenían el objetivo de profundizar en quién es uno y cuál es su sentido de la vida (quizá las grandes preguntas de esta etapa vital). Desde el día 1 de julio, los animadores y voluntarios estaban convocados para la preparación del campamento.
El Proyecto Creciendo de la Asociación Educación y Cultura organizó este Campamento Rural en Linares (Jaén), con la colaboración del Centro Sociocultural Pedro Poveda y la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda.
A partir del libro Profe, enséñame a quererme (2023) de Juana María Acuña Cueva (linarense y profesora de inglés en institutos), se realizaron ocho talleres sobre diferentes temáticas, una para cada día.
Hogar, dulce hogar
El primer día los participantes encontraron aquello que recuerda al hogar con una primera jornada de presentación que guió la propia Juana Acuña. Ella dio la bienvenida con varias dinámicas grupales para aprender a hablarse positivamente y formar equipo. En algunos momentos se chocaron las manos entre compañeros o exploraron estrategias para perseverar en sus objetivos intentando dominar el discurso interno.
La inmersión en Linares acabó con una cena en mesa larga y fanfarria hasta convertirse en una tradición grupal en el patio.
Pasos hacia el autodescubrimiento
Este día todos amanecieron muy temprano para hacer una ruta por la Vía Verde hasta la Mina de Plomo con Paco y Rocío, dos voluntarios de Linares, que nos mostraron la principal fuente de riqueza de Linares: la minería. Todos los peligros, enfermedades y riquezas se ven reflejados en el paisaje linarense, a través de los detalles que nos fueron revelando las explicaciones de Paco. Con la visita aprendieron sobre la utilidad plaguicida, medicinal y ecológica de los eucaliptos o el potencial nutritivo de las higueras para los mineros de la zona.
Por la tarde fueron a la piscina municipal y a la vuelta construyeron un diario-acordeón en el que registraron sus vivencias y, entre ellas, las flores que recogieron durante el paseo mañanero.
La magia de la programación neurolingüística
La jornada comenzó con los turnos de limpieza durante las mañanas. La reflexión llegó a través de un taller acerca de las distintas formas de comunicar amor discriminando la propia. Para el trabajo se pudo escoger entre estas opciones: actos de servicio, palabras de afirmación, contacto físico, tiempo de calidad o detalles. Se trataba de averiguar “si la forma en la que queríamos y nos sentíamos queridos era compatible con las necesidades de querer de los demás”, base de la convivencia con otros.
Después de un rato de piscina, Gregorio Sánchez, voluntario de Jaén y miembro de la Institución Teresiana, les deleitó con un show de magia y mentalismo que dejó atónito a todo el mundo.
Salir de la zona de confort
Esta vez, después de recoger la casa, tomaron el sol en la piscina y a primera hora de la tarde fueron al cine para ver la película Cómo entrenar a tu dragón y preguntarse: “¿Qué sucede cuando salimos de nuestra zona de confort y lo que se espera de nosotros?”
Juan Cózar, pediatra con un proyecto de integración de MENAS y miembro IT, relacionó los mensajes de la película con la necesidad de explorar lo diferente y aprender a mirar con ojos nuevos. Este ejercicio servirá para encontrar la perspectiva de personas con una vida que nos resulte ajena. Como todos los días, los participantes tuvieron un tiempo para registrar las reflexiones del día en el libro-acordeón.
Somos lo que comemos
Después de una mañana de descanso y piscina, por la tarde, un autobús les llevó la almazara de Picualia, una cooperativa de agricultores de la oliva que produce un aceite de primerísima calidad. Junto a Juan Antonio, voluntario de Linares, conocieron el proceso de prensado, decantación y filtrado de la oliva.
El poder del mindfulness y la visualización
En autobús, se dirigieron a la Garza, un parque de multiaventuras, golf y piscinas en el que disfrutaron de un mix de juegos y comieron una rica empanada.
Recibieron por la tarde la visita de Teresa y Jero, voluntarios de Linares, quienes les iluminaron con un taller de mindfulness tal y como versaba la temática del día. Después de escribir su diario y cenar juntos, siguió la velada cantando y bailando bulerías y fandanguillos con los monitores y sus familiares.
¿Cuál es tu ikigai?
La reflexión del día tuvo como contenido el sentido de la propia vida, el don personal que ponemos al servicio de los demás. ‘Ikaigai’ es un concepto filosófico japonés que significa literalmente “razón de ser” o “razón de vivir”. En el último día de piscina, disfrutaron juntos antes de asistir a un espectáculo de música flamenco-pop de la mano del pianista Diego Valdivia y su equipo.
Agradecimiento y perdón como medicina
Después de limpiar y recoger las habitaciones se cerraron las actividades con un aterrizaje de las sensaciones durante el campamento en tres grandes murales con las temáticas desarrolladas cada día. Con algunas pautas, a través de colores, fotos y diversos materiales expresaron lo vivido. Entre las cosas que apuntaban resaltaron algunos temas: agradecimientos, resolución de conflictos, conexiones establecidas, vivencia del perdón, cómo sanar las relaciones…
“Una experiencia intensa y constructiva”
Mi experiencia fue intensa y constructiva. Aprendí mucho sobre mi profesión (maestra) y mi persona. Aún con todas mis limitaciones, descubrí que solo con un poco de cariño honesto y tiempo -algo que podemos ofrecer todos-, los chicos estaban dispuestos a formar grupo y desarrollar algunas habilidades para convivir con otros, objetivo de las jornadas.
Trabajamos la gestión de emociones, como la ira o el miedo, para reaccionar o comunicarse de un modo menos conflictivo. Aunque su jerga y proceder pícaro generaban un ambiente grupal que me era ajeno, los chicos se esforzaron por integrarme de forma generosa.
En resumen, esta semana juntos la recibí como un regalo. Espero volver en otra ocasión.
Por Sofía Benéitez, voluntaria.
Foto: Proyecto Creciendo.