“Ha sido una buena experiencia” dice Sofía Benéitez, gallega y voluntaria en Guadix. Participó en las Actividades Vacacionales del Barrio de las Cuevas de Guadix. Una experiencia de voluntariado que recomienda “a maestros o educadores, además de todo aquel que quiera transitar por un viaje de crecimiento interior”.
En el mes de julio el Proyecto Socioeducativo Creciendo de la Asociación Educación y Cultura organiza las Actividades Vacacionales en el Barrio de las Cuevas de Guadix para chicos de 9 a 11 años, con la colaboración del Centro Sociocultural Padre Poveda.
Este año, durante 10 días, de 9.00 a 13.30, unos treinta niños tuvieron la oportunidad de participar en actividades lúdicas al aire libre que se mezclaron con momentos de reflexión y apoyo en lengua y matemáticas. Los acompañaron 7 monitores y seis voluntarios junior del PS Creciendo de Guadix. Rocío Rosado, responsable del PS Creciendo, coordinó la actividad.
Sofía Benéitez participa como voluntaria en Guadix este desde hace tres años y pertenece al Movimiento de Jóvenes por la Educación de la Institución Teresiana. Pilar de Francisco le ha preguntado sobre la actividad y qué ha significado para ella.
Pilar: ¿Cómo comenzaba cada mañana?
Sofía: La rutina diaria se repetía con ajetreo tropical. El primer lunes juntos nos dimos a conocer con una yincana dinámica que combinaba juegos de puntería con pruebas de obstáculos y velocidad. ¡Nuestros particulares juegos panhelénicos!
Desde las 9:00 y gracias a Clara, una voluntaria aficionada al entrenamiento personal, bailábamos varias rutinas de zumba para activarnos antes de empezar el día en la plaza de la Ermita Nueva. A continuación, nos fijábamos en nuestro estado anímico durante un momento de saludo y autoconciencia. Para esta actividad utilizábamos nuestro ‘emociómetro’, un panel que exhibía distintas emociones ordenadas en grados. Los niños nos indicaban con qué intensidad sentían la emoción que predominaba aquella mañana y conversábamos sobre de ello.
P: ¿Además, qué actividades se ofrecían a los chicos?
S: Hacia las 9:30, nos dividíamos ya en las distintas clases por edades. En esta primera parte de la mañana nos dedicábamos a hacer tareas de repaso del matemáticas y lengua. Tras una colección de operaciones aritméticas y canciones sobre el cuerpo humano, bajábamos de nuevo a la plaza para tomar un desayuno juntos.
A partir de las 11:00 empezaba la segunda parte de la mañana: era el momento de hacer las manualidades con materiales reciclados. En el grupo de los pequeños, hicimos pelotas antiestrés, cocodrilos con limpiapipas o pulpos con rollos de papel higiénico. Las creaciones de los mayores, aunque distintas en dificultad seguían la misma tónica: monstruos con globos, felinos con platos de cartón, globos aerostáticos con vasos desechables o mascotas con lana.
Finalmente, llegaba la parte más esperada de la mañana cuando nos cambiábamos para los juegos de agua. Al final del día, Aurelio, uno de los monitores, nos tenía preparados juegos colectivos en los que inevitablemente nos mojábamos para resolverlos. Triunfó especialmente el de las sillas musicales con manguera. Nuestros voluntarios junior nos ayudaban a recoger los materiales para que los monitores pudiésemos supervisar los cambios de los niños.
Acabábamos la jornada leyendo y coloreando un cuento que tenía como protagonistas a Pedro Poveda y su acción educativa en el barrio de las cuevas (entre otros episodios de su vida). Gracias a esta tarea dábamos el colofón final con un toque muy teresiano.
P: ¿Por la tarde, terminada la jornada de trabajo con los chicos, los voluntarios teníais algún encuentro?
S: Cuando las familias pasaban a recoger a los niños y despedíamos a los voluntarios junior a las 13:30, los monitores nos quedábamos a comer juntos para concretar los pormenores de la jornada siguiente.
Además, un día a la semana (miércoles para la primera semana y viernes para la segunda), sustituimos el plan inicial por una visita a la Piscina Municipal de Purullena para remojarnos de forma diferente. Nos sorprendió el inicio del verano con obras de mantenimiento en la piscina de Guadix. Aún con contratiempo incluido, tuvimos una coordinadora con visión que encontró una solución satisfactoria. El último jueves también aprovechamos para pasar a visitar el Barrio de las Cuevas de la mano de Nerea y Stefanía, voluntarias de Guadix, que planificaron un itinerario de visita guiada. Con ellas descubrimos el paisaje de los cerros con ojos nuevos.
P: ¿Qué significó para ti participar por tercera vez en este voluntariado en Guadix?
S: Esta edición de las Actividades de Verano se hizo más llevadera que otras por contar con un grupo menos numeroso de niños, aunque fui más consciente de las delicadas situaciones de estos niños y los voluntarios junior. Además reflexioné sobre el impacto que tenían mis acciones.
Gracias a la visión siempre inteligente y rica de nuestra coordinadora, pude entender en qué momento vital se encontraba cada uno de los chicos y qué necesidad presentaba. Quería adaptarme a ellos y no siempre era fácil. Además, sentí que ofrecía todo lo positivo que la vida me ha brindado.
Ha sido una buena experiencia que animo a vivir a maestros o educadores, además de todo aquel que quiera transitar por un viaje de crecimiento interior.
Gracias, Sofía por compartir tu experiencia. Seguro que otros se animan a seguir tus pasos el año que viene.