¿Cómo construir una vida con sentido? Clara buscaba “vivir de una manera distinta, con otro sentido”, un nuevo y profundo “modo de existir”. En su recorrido vital y profesional fue descubriendo una forma “de estar, actuar y vivir que se salía de lo convencional”. Carmen Fernández Aguinaco ofrece aquí una conversación con Clara donde relata su experiencia: construir una vida con sentido.
Clara Martínez Beltrán, miembro de la Institución Teresiana, ha recorrido un camino de integración que transita entre lo técnico y lo humano, entre lo público y lo privado, entre lo laboral y lo espiritual. Actualmente trabaja en el Colegio Profesional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, pero su trayectoria está marcada por una búsqueda constante de sentido, compromiso social y el intento de no vivir en la superficialidad. En esta entrevista, comparte cómo su formación, sus experiencias laborales, afectivas y espirituales han ido tejiendo un modo de vida que trasciende lo convencional, donde el trabajo no es solo una ocupación, sino una tarea más que ayuda a crecer en libertad y responsabilidad.
Primeros pasos: vocación pública y compromiso social
Carmen F. Aguinaco: ¿Cuál fue tu primer contacto con la vida laboral?
Clara Martínez Beltrán: Mi primer trabajo fue en el Ministerio de Fomento, hoy Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Estoy muy agradecida por esa etapa inicial de mi vida profesional. Me permitió comprender desde dentro la importancia de una administración pública sólida y de funcionarios bien preparados. Lo más significativo de ese periodo fue la oportunidad de colaborar en el proyecto: “Foro Iberoamericano y del Caribe sobre mejores prácticas en vivienda, agua y saneamiento”, centrado en zonas de pobreza extrema. Durante ese tiempo me acerqué a realidades muy vulnerables que me impactaron profundamente.
Mirando esa etapa con perspectiva, reconozco cuánto me ha marcado hasta hoy. Valoro especialmente que uno de los Ministerios con mayor inversión en España mantenga una mirada internacional, sensible a las realidades de quienes no se benefician directamente del impacto económico y social de construir infraestructuras. Fue una experiencia de gran aprendizaje.
Explorar nuevos horizontes: el salto al sector privado
C.F.A.: Aunque valoras mucho todo lo aprendido, solicitaste la excedencia para ir a la empresa privada. ¿Qué te llevó a ello?
C.M.B.: Se dieron varios factores. Hubo cambios internos en el Ministerio -dentro del mismo partido político- y las formas de liderazgo influyen mucho. Además, la situación económica en España era muy favorable y el sector privado ofrecía muchas oportunidades. Acababa de terminar un MBA y tenía muchas ganas de seguir aprendiendo y trabajando como lo había hecho en los últimos años. Sentía que era el momento de dar un paso más, explorar nuevos entornos y seguir creciendo profesionalmente.
C.F.A.: ¿Cómo viviste el cambio del sector público al sector privado?
C.M.B.: A nivel humano, no encontré grandes diferencias. Hay grandes personas y profesionales en ambos ámbitos. Pero sí noté cambios en los medios de trabajo y en las oportunidades de formación. En la empresa privada, la formación continua no está tan integrada y se evalúa mucho más el rendimiento y los resultados.
Trabajé en una consultora con jornadas muy largas y los proyectos tenían unas fechas de entrega muy exigentes. En ese momento y los años siguientes, compartía piso con unas amigas de Gijón que también trabajaban en consultoría, y nos apoyábamos mutuamente. También mirado con perspectiva ha sido un grupo de convivencia y amistad muy importante.
Después de la consultora, pasé a una promotora inmobiliaria, donde el trato a los empleados era mucho mejor y los horarios más llevaderos. Nos cuidaban en todos los sentidos, a nivel de medios profesionales, formativos y salariales. Fue un cambio muy positivo, aunque no duró mucho porque pronto llegó la crisis inmobiliaria.
Una búsqueda más profunda: del currículo a la Teología
C.F.A.: En medio de estos cambios, decidiste estudiar Teología. ¿Qué te llevó a ello?
C.M.B.: Fue el resultado de una suma de factores. Mi formación inicial y trayectoria profesional estuvieron guiadas, en gran parte, por la búsqueda de salidas laborales que me diesen cierta estabilidad económica. Continué formándome con la idea -a veces conflictiva- de que, cuanto más amplio sea el currículo, mayores serán las oportunidades de bienestar social y económico.
Pero a nivel personal, me preguntaba sobre el significado y la finalidad de todo ello. Un punto de inflexión fue un viaje a Tierra Santa en 2005 con mis padres. Llevaba algunos años haciendo ejercicios espirituales en la vida diaria, con acompañamiento personalizado, y todo ese proceso me ayudó a vivir el viaje de una forma muy especial. Caminar por los lugares donde estuvo Jesús despertó en mí una inquietud y el deseo de conocerlo más. Me intrigaba cómo tantas personas -creyentes y no creyentes- han dedicado su vida a estudiar sobre él. Y no conozco a nadie que no se haya preguntado qué hay más allá de esta vida. Todo ese proceso y el momento de búsqueda, me llevó a iniciar los estudios de Teología.
C.F.A.: ¿Por qué elegiste la Universidad de Comillas?
C.M.B.: Además de que tienen una espiritualidad en la que coincido, el horario de Teología para Universitarios se ajustaba a mi jornada laboral. Sentí que era el momento de estudiar algo que realmente me gustara. Aunque de algunas personas recibía incomprensión, me importaba poco. Han sido los estudios que más he disfrutado, tanto por los contenidos, como por el grupo de compañeras. Compartíamos cena todos los jueves después de clase, con conversaciones muy enriquecedoras. Además, fue en Comillas donde conocí la Institución Teresiana. Ese encuentro marcó un antes y un después.
Construir un modo de vida con sentido
C.F.A.: ¿Cómo influyen tus experiencias en un modo de vida más allá de lo convencional?
C.M.B.: Lo importante no son las experiencias, sino la capacidad de profundizarlas y comprender hasta dónde te están llevando. Yo buscaba vivir de una manera distinta, con otro sentido. Percibía la diferencia según el ambiente en el que me encontraba. Algunos me generaban vida, un bienestar corporal alegre; otros, en cambio, me aburrían soberanamente. No buscaba un tipo de vida específico definido por la sociedad, sino un ‘modo’ de existir. Iba descubriendo un ‘modo’ de estar, actuar y vivir que se salía de lo convencional. Aunque las jornadas de trabajo y estudio eran largas y exigentes, no era el esfuerzo por el esfuerzo, ni la renuncia que da un bienestar moralista, sino algo que me hacía bien y me generaba una alegría profunda.
Cuando cursaba segundo de teología, me afectó la crisis inmobiliaria de 2008. En 2009, de una plantilla de doscientas personas, ciento noventa fuimos despedidas. Viví en primera persona lo que hasta entonces solo veía en televisión: recibir un correo electrónico con la notificación del despido. También de estas situaciones se aprende. La empresa contaba con un equipo joven y bien preparado, pero la mala gestión y ciertas dinámicas políticas hicieron que muchas familias pagaran las consecuencias.
En 2010 me incorporé a la Demarcación de Madrid del Colegio Profesional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (DM CICCP) donde continúo trabajando hasta hoy.
C.F.A.: ¿A qué te dedicas actualmente en el Colegio Profesional?
C.M.B.: He pasado por varios departamentos, pero en la actualidad dedico el 80% de mi tiempo a proyectos de educación y cooperación internacional. El 20% restante lo destino a la preparación de acuerdos corporativos, a temas de recursos humanos y a la relación con colegios e institutos de la Comunidad de Madrid. En estos centros acercamos la ingeniería a los jóvenes, mostrando cómo esta disciplina puede ponerse al servicio de la sociedad, no solo desde una perspectiva técnica, sino también social, política, económica y cultural.
C.F.A.: ¿Qué papel juega la cooperación internacional en la Demarcación de Madrid del CICCP?
C.M.B.: Desde 2014, la DM CICCP ha ejecutado más de 30 proyectos de educación y cooperación en países de América y África: Mozambique, Kinshasa, Senegal, Tanzania, Togo, Cabo Verde, Costa Rica, Nicaragua, República Dominicana, República Democrática del Congo y Perú. Estas iniciativas buscan mejorar el acceso a servicios básicos como el agua, el saneamiento y la energía, en entornos muy vulnerables, siempre desde un enfoque de desarrollo humano y sostenibilidad, en el que acompañamos a universitarios en el proceso formativo.
- Proyecto de abastecimiento de agua en la comunidad de Puerto Plata. Río Napo. Iquitos. Perú
- Proyecto de abastecimiento de agua y saneamiento a la escuela de Paracas. Distrito de Ámbar. Lima. Perú
- Proyecto de mejora de la accesibilidad en Santa María, San Juan de Lurigancho. Lima. Perú
- Instalación de placas solares en Biblioteca Karibuni, Kinshasa. República Democrática del Congo
C.F.A.: ¿Cómo se vinculan las universidades madrileñas a estos proyectos?
C.M.B.: Trabajamos con las tres universidades de Madrid que imparten el Grado en Ingeniería Civil y el Máster en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. La Ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad reconoce a las universidades como actores estratégicos de la cooperación, por su capacidad de generar conocimiento, formar profesionales y promover la innovación social. Esta colaboración es clave para nosotros.
C.F.A.: ¿Qué tipo de experiencias ofrecéis a los estudiantes?
C.M.B.: Les ofrecemos la posibilidad de desarrollar su Trabajo Fin de Máster en el marco de proyectos reales de educación y cooperación internacional. Cada uno de los proyectos los llevan a cabo dos estudiantes de la universidad española y dos estudiantes de una universidad del continente en el que se lleva a cabo el proyecto. El objetivo es complementar el alto nivel académico del diseño curricular con una dimensión humana, ayudándoles a comprender de forma práctica los problemas del desarrollo, la desigualdad entre territorios, la relación entre lo local y lo global, y cómo las decisiones y acciones locales influyen positiva o negativamente en otros territorios y personas vulnerables.
Durante el curso, los estudiantes se acercan a la realidad de personas migrantes en Madrid, conociendo sus procesos migratorios y las posibilidades de integración que ofrece la ciudad. Posteriormente, viajan a países de América o África para implementar un proyecto de ingeniería sencillo en contextos de alta vulnerabilidad.
C.F.A.: ¿Qué entidades participan en estos proyectos?
C.M.B.: Son iniciativas multi-actor, financiadas por el Ayuntamiento de Madrid, Acciona y la Fundación ACS. Participan ongs locales, universidades madrileñas e internacionales, fundaciones y empresas privadas. La clave está en la complementariedad de cada entidad participante, en el conocimiento profundo de las realidades locales y la apuesta decidida por generar alianzas que promuevan valores fundamentales y respeten los derechos humanos.
C.F.A.: Esta formación humana se realiza fuera del ámbito académico formal. ¿Qué otros temas te parecen más urgentes en la educación de los jóvenes hoy?
C.M.B.: La convivencia juvenil: una oportunidad para construir comunidad. Diría que lo más urgente es la convivencia, tanto en el ámbito público como en el privado, los vínculos y las relaciones que establecen. Tenemos que facilitarles herramientas para que puedan construir nuevos modelos alternativos a lo establecido que sean sanos y no estén contaminados por lo que están viviendo en la sociedad.
En el ámbito público se habla mucho de diálogo, respeto, diversidad e inclusión, pero es difícil ver estos valores en la práctica. Por ejemplo, el tema de la migración se aborda en muchos centros educativos con mensajes de acogida. Además, muchos jóvenes universitarios estudian o tienen la oportunidad de salir a trabajar al extranjero. Cualquiera que haya salido a estudiar un Erasmus ha podido tener la experiencia de lo que supone aprender otro idioma, el choque cultural y el desarraigo, aunque vayas con todas las necesidades económicas cubiertas. Sin embargo, se nos olvida que cada vez que vamos a otro país, también somos emigrantes, aunque vayamos en avión. Empatizar con quienes han salido de sus países en busca de una vida mejor y tratarlos con la amabilidad y la acogida que se merecen debería ser parte esencial de una educación sentimental y política.
En el ámbito privado, cuando los jóvenes conviven, ya sean estudiantes o en sus primeros años de vida profesional, se abre una oportunidad única para construir espacios comunitarios seguros, amables y significativos donde pueden valorarse mutuamente y aprender a vivir con otros. La convivencia no se improvisa. Es muy complejo construir comunidades afines que den un soporte seguro.
La movilidad juvenil -estudios, trabajo, becas- ha hecho que muchas experiencias se vivan como transitorias, para compartir gastos o conocer gente. Sin embargo, si se les diera el valor que merecen, podrían ser semillas de comunidades duraderas, incluso aunque cambien de forma o lugar. Los aprendizajes que surgen al vivir juntas siendo jóvenes, organizarse, cuidarse, respetarse, resolver conflictos, perdonarse, comprometerse… pueden convertirse en referentes afectivos y éticos que acompañen toda la vida.
En una sociedad que a menudo sobrevalora la pareja como única forma de vínculo profundo, convivir con amigas o amigos cuando pasas la etapa universitaria suele interpretarse como una etapa provisional y que es una señal de que no tienes nada mejor que hacer o que no tienes dinero para independizarte. Pero rescatar el valor de la amistad como base de comunidades estables y seguras es casi contracultural y muy necesario. La ‘amistad’ podrían ser un modo de vida precioso. Cuando se logran buenas experiencias son un referente para toda la vida. Desde ellas se pueden tomar decisiones mucho más libres.
C.F.A.: ¿Crees que tiene un impacto especial la convivencia entre mujeres?
C.M.B.: Sí, especialmente en el momento social actual. Se dice que entre mujeres no hay solidaridad ni unidad, pero no lo creo. Yo misma he compartido piso en distintas etapas de mi vida, con experiencias diversas, algunas difíciles, otras regulares y otras maravillosas. Entre todas, destaca la que viví durante más de siete años en el piso de Juan Ramón Jiménez, en Madrid, junto a un grupo de amigas que ya éramos profesionales. Aquella etapa fue un modelo de convivencia al que vuelvo continuamente como referencia vital.
Tengo la certeza de que no solo es posible convivir entre mujeres de forma sana y enriquecedora, sino deseable. Estas experiencias, cuando se cuidan y se viven con profundidad, tienen un gran potencial transformador. Lo que se aprende en el ámbito privado -el respeto, el cuidado mutuo, la escucha, la corresponsabilidad- se proyecta con naturalidad en otros espacios más públicos como el trabajo, la participación social o la colaboración profesional. Este tipo de convivencia no es un ‘plan B’ ante la falta de pareja o recursos, sino una elección valiosa que puede sostener vidas libres, comprometidas y profundamente humanas.
C.F.A.: Para finalizar, ¿qué te ayuda en estos momentos a nivel personal para seguir viviendo con sentido?
C.M.B.: Lo que me ayuda es tener muy presente la necesidad de cuidar el corazón. Intentar ser mejor persona no es fácil. Es un trabajo diario que implica escuchar y acoger los mensajes que deja cada situación, discernir las señales, prestar atención a lo que vivo, rebajar el juicio, no responder con rabia, pensar con cuidado lo que voy a decir y cómo lo voy a decir. Implica también dialogar y consultar antes de tomar decisiones.
También me esfuerzo por agarrarme a los momentos bellos de la vida y no dejar que el mal los empañe. En este camino, sigo aprendiendo a explicitar, verbalizar y escucharme, para que todo vaya calando poco a poco y pueda vivir con una paz de fondo verdadera. Con la paz que nace del corazón y practicando el AMOR con mayúsculas, es el modo más auténtico de generar vida y “vida en abundancia” (Jn 10,10).
Este proceso no lo habría podido hacer sola. Ha sido posible gracias a las personas que me han acompañado desde los inicios de mi vida profesional y espiritual, hasta hoy. A todas ellas, les estoy profundamente agradecida.
Por Carmen Fernández Aguinaco
Fotos de Clara Martínez




Muchas gracias, Carmen, por la iniciativa de entrevistar a Clara. Y muchísimas gracias, Clara, por compartir de un modo tan sencillo y veraz tu experiencia existencial.
!¡GRACIAS,GRACIAS!¡ Maravillosa la entrevista, de las que te dejan huella. Me han ‘llegado’ las reflexiones de Clara, en sus búsquedas de sentido: relaciones personales, profesionalidad, compromiso social, espiritualidad …
Gracias!!!!!!!!
Gracias, Clara, por poner tus experiencias al servicio de los demás. Bonita iniciativa y preciosa comunicación. GRACIAS.
Una buena idea para reconocer la riqueza de la IT. Aportar más personas de distintas edades y experiencias.