Es fácil mirar sin ver. Ver “es cuestión de espíritu”. Para la reflexión y oración en este tiempo de Pentecostés, ofrecemos este fragmento de la intervención de M.ª Dolores Valencia García en el IV Curso de la Cátedra Josefa Segovia que llevaba por título Orar en el corazón del mundo.

Ojos que ven o una vida con Espíritu

Sabemos que ver las cosas como son es mucho más que una simple cuestión de abrir los ojos, tener buena vista y observar. Es fácil mirar sin ver: “Por más que miran no ven”, nos dice el evangelio de Marcos. Para ver necesitamos querer hacerlo y poder abrirnos a lo que está ante nosotros, también necesitamos aprender a descifrar. Esto supone dejar que nuestra mente y nuestro corazón, todo nuestro ser, se ensanchen abiertamente. Supone una disposición constante a aclarar y corregir nuestra visión para ver la realidad tal cual es. Conlleva un movimiento de transformación a lo largo de toda nuestra vida. Apoderarse, absorber, parapetarse o manipular la realidad nos hace ciegos.

Ver con el alma es cuestión de espíritu, requiere una vida con espíritu. Jon Sobrino afirma que no se puede vivir con espíritu sin que este se haga carne. Dicho de otro modo, para que haya vida espiritual, esta tiene que darse en la vida real. Ver con el alma será, entonces, vivir la historia, el lunes y el martes de nuestra vida, con espíritu cristiano; corresponder a lo que el Señor nos va desvelando en la vida real para lo que nos ha dado una gran clave: su Hijo. Nos lo cuenta con palabras bellísimas san Juan de la Cruz.

Si te tengo ya habladas toas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos solo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revelaciones y, si pones en él los ojos, las hallarás en todo, porque él es toda mi respuesta, y es toda mi visión y es toda mi revelación; lo cual os he ya hablado, respondido, manifestado y revelado, dándoosle por Hermano, Compañero y Maestro, Precio y Premio.

II Libro de la Subida al Monte Carmelo, 22, 5.

Es en la sencillez de cada día, en las acciones concretas donde se encarnan los valores que vivimos, convertidos en decisiones y compromisos y donde aprendemos a ser creyentes y, por tanto, a ver. En el carisma de san Pedro Poveda, la cotidianidad con espíritu es un rasgo de vocación laical.

Pero el vivir diario, con sus tensiones, rutinas, embotamientos y desgastes, puede volvernos ciegos a la actuación del Espíritu Santo en la vida. Estamos invitados a volvernos oyentes atentos a la experiencia del Espíritu en la cotidianidad. Es tiempo de reconstruir nuestra experiencia de Dios con los materiales que nos ofrece la hora que nos toca vivir. Tenemos la seguridad, fundada en nuestra esperanza, de que Dios está aquí, en nuestro mundo, en nuestro tiempo, en nuestra vida.

En la oración con la que pedimos la ayuda de Josefa Segovia decimos: “Enséñanos como a ella, a mantener la amistad contigo en medio de los trabajos y las responsabilidades diarias. Y ahora añadimos: con ojos que ven con el alma o vida cotidiana y real con espíritu.

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