El libro que hoy propone Carmen Llopis para la lectura, sin duda hará sonreír y reflexionar sobre esa etapa de la vida en la que tanto nos estamos fijando en estos tiempos. Adentrarse en la vejez con otras claves puede ser el propósito y mirar la vejez desde las personas que la viven, todo un reto.

Me motivó a leer el libro un video que me mandaron este verano en donde Mª Cristina Camilo, dominicana de 101 años, actriz, locutora y gestora cultural se dirigía a su presidente agradeciendo un premio y en una de sus frases decía: “Aquí no hay viejos, simplemente nos llegó la tarde”.

Anna Freixas (Barcelona 1946), la autora de Yo, vieja, se doctoró en Psicología en la Universidad de Barcelona. En 1981 llegó a Andalucía, donde reside, para trabajar en la Universidad de Córdoba.

Freixas, con mucho sentido del humor y también mucha ternura, hace un recorrido por los derechos humanos en la vejez. En la descripción de hechos de la vida cotidiana nos muestra los estereotipos sociales y la discriminación por el hecho de ser mayor y mujer con los que convivimos. Comenta cómo al llegar a una edad la mujer desaparece, es opaca, invisible… por eso la autora propone la conquista de tres principios fundamentales en esas edades: la libertad, la justicia y la dignidad.

En las primeras páginas del libro leemos:

“…No es la vejez lo que nos amenaza, son nuestras ideas, nuestras conductas y sobre todo nuestra disposición interior a la obediencia y el conformismo las que nos precipitan a ella…”

El libro, a manera de ensayo, es un conjunto de propuestas de resistencia pensadas para la nueva generación de veteranas que van estrenando libertades.

A través lo cotidiano, se reflexiona sobre lo que hace la vida insoportable en un aislamiento y dependencia o, por el contrario, vivir sigue siendo agradable y placentero porque se disfruta lo que aporta la experiencia de la edad, se recuperan relaciones, se colabora con redes…, sin agobio de horarios, de tiempo, porque ahora sí se dispone de él.

Es una nueva visión sobre esta etapa de la vida saltando sobre las discriminaciones y, en ocasiones, el rechazo social y rompiendo con los estereotipos publicitarios que solo subrayan y exaltan a la juventud -edadismo- y a los modelos falsamente rejuvenecidos con cremas, dietas, intervenciones… con promesas de eterna juventud, los llamados ritos de enmascaramiento.

La lectura es amena, clara, recoge muy bien la realidad y te lleva a volver a preguntarte, desde un nuevo enfoque -no perder ni la libertad, ni la justicia, ni la dignidad-, ¿por qué hay que ser eternamente jóvenes?, ¿por qué no se tiene en cuenta la profesión y la experiencia acumulada de la vejez?, ¿por qué a veces se infantiliza la relación con las personas mayores o se las llama abuelas, aunque no tengan nietos?, ¿no es un ninguneo?

En la entrevista de presentación del libro, Anna Freixas expresaba:

“En una residencia u hospital desaparece tu vida, tu pasado, ya no eres una periodista interesante, una cómica estupenda o una costurera maravillosa. Somos gente que hemos aportado a la sociedad y de repente nos encontramos con el borrado de nuestro pasado…”

 

Por Carmen Llopis

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