Un nuevo reto que afrontar: ¿cómo seguir sin poder utilizar el espacio que ofrecía el Colegio para las actividades del proyecto? Y la luz llega: formar red, aunar esfuerzos… Así nos lo cuenta el Equipo Rajab, de Jaén. Y seguirán encontrando formas de seguir adelante, aunque se compliquen más las cosas porque viven una esperanza activa.

En medio de la crisis, un manantial de luz y vida

La reciprocidad es algo que se vive y se goza en momentos determinados, cuando se apoya, se acompaña y se derrama la vida propia…y ante ello surgen días como el que hemos vivido en el Proyecto Rajab en la soleada mañana de un sábado de octubre jiennense. En la situación de pandemia que estamos viviendo, muchos son los cambios que estamos abordando en Rajab y uno de ellos es el espacio. Hasta ahora el Proyecto Rajab estaba ubicado en el colegio P. Poveda de Jaén. En este momento de incertidumbres y de rigurosas normativas, no podemos seguir ocupando las aulas en horario de tarde. Ante ello nos hemos visto con la necesidad de buscar una lugar donde mantener, con distancia y seguridad, nuestras clases de castellano y aulas de apoyo escolar. En esta búsqueda, una nueva luz impulsa a seguir recorriendo caminos en red.

Así, en torno a un espacio diáfano cedido por los HH Maristas, hemos asumido la creación de un nuevo tejido en red en coordinación con Cáritas (Centro de Día Sta. Clara), Secretariado de Migraciones, Fundación D. Bosco, Poblado Mundo, Cruz Roja, Jaén Acoge, SAMUR, La Liga Jiennense de Educación y Cultura y AEC (Proyecto Rajab). Este espacio será un espacio de acogida y acompañamiento de personas inmigrantes, donde estarán incluidas las clases de castellano, talleres y aula de apoyo de Rajab, junto con otras actividades de carácter intercultural e interreligioso.

Este espacio estaba ocupado por más de 35 literas utilizadas para pernoctar los temporeros que llegaban a nuestras calles en los meses de recogida de aceituna. Debíamos de desalojar todo. Trabajo ímprobo de desarme de camas y retirada de somieres, colchones y mantas, para cargar en furgonetas y volver a montar en otro Centro. Nuestras clases dependían de esta tarea y, sin dar muchas vueltas, llamamos a nuestros alumnos quienes respondieron de inmediato a la posibilidad de apoyarnos y colaborar en aquello que estuviera en sus manos. Un abanico de trabajo de voluntariado y participantes de Senegal, Mali, Marruecos, India, Guinea… se ha ido tejiendo en este sábado otoñal entre esfuerzos y sonrisas.

Esta experiencia nos ha hecho reflexionar sobre el apoyo mutuo, la cadena humana formada y la colaboración como propuesta de vida; a la vez, valorar el tiempo dedicado a quienes lo necesitan y la implicación de aquellos que reciben y valoran lo que se les ofrece de forma gratuita.

Empezamos otro momento diferente en Rajab, con mascarillas, sin abrazos, con distancias y ventanas abiertas. En un espacio compartido por otros y otras que, como nosotros, sueñan un nuevo mundo de iguales en dignidad y de riqueza mutua en su diversidad. ¿Será que se está generando una nueva forma de acogida y de colaboración en red que hasta ahora sólo soñábamos y que ahora se nos hace imprescindible para caminar? ¿Será que entre el dolor y las víctimas de esta dolorosa pandemia, Dios sigue diciéndonos que acompaña y se regala de formas insospechadas?

Nuestro carisma está hecho para tiempos de crisis, de dificultades, que es cuando hay que afinar más el oído para escuchar las propuestas del Espíritu… y ahí queremos estar junto a Pedro Poveda y tantas personas de buena voluntad trabajando para responder al desafío que se nos propone. A través de este gesto sencillo de reciprocidad en el compartir, hemos encontrado en la crisis una oportunidad para empezar de nuevo que nos llena de esperanza. Es posible recrear un mundo más sostenible y justo, aportando todos y todas desde todos los lados, lo mejor de sí.

Por Proyecto Rajab
Asociación Educación y Cultura