Clausura del Centenario de la presencia de la Institución Teresiana en Ávila

Con la fuerza que tiene la motivación de “Agradecer la vida sembrada y mirar al futuro con esperanza”, que ha acompañado los diversos actos organizados para rememorar el centenario de la presencia de la I.T. en Ávila, el pasado día 28 de octubre tuvo lugar la Clausura de esta conmemoración con la celebración de una Eucaristía de Acción de Gracias en la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, templo desde el cual, en 1919, se llevó al Señor a la Casa Teresiana, en el momento de su fundación.

Presidió la Eucaristía el Sr. Obispo de Ávila, D. José María Gil Tamayo, con el que concelebraba un grupo numeroso de sacerdotes, y en la que nos acompañaban, con un especial y entrañable cariño y reconocimiento, más de 500 personas: Antiguas Alumnas, familiares, amigos y colaboradores. El “Coro Gregoriano de La Santa” colaboró de manera importante a dar a la celebración la nota más alta de una sencilla y a la vez gran solemnidad.

El Señor ha estado grande con nosotros…

Enmarcaba el inicio de la Eucaristía el versículo del salmo 125: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Reconocemos verdaderamente su fidelidad para con la Institución, sosteniendo el día a día de estos 100 años de presencia y compromiso en Ávila.

Institucion teresiana Avila

La homilía nos dejó el buen sabor del reconocimiento y aprecio de Sr. Obispo hacia una Institución que conoce bien. Aludió a personas y lugares teresianos que, a lo largo de sus años de trabajo en la Conferencia Episcopal y en otros ámbitos, le han mostrado una Obra de Cultura comprometida en aunar la fe y la ciencia al servicio del Reino.

En el inicio de su intervención, refirió una anécdota reciente, que nos ha emocionado: antes de la Eucaristía, la alumna más antigua de la Academia Santa Teresa, ya muy mayor, había querido manifestar al Sr. Obispo que las Teresianas habían enseñado a sus alumnas a vivir tres amores: el amor a la Eucaristía, a la Iglesia y a la Virgen. Y que esa enseñanza les ha quedado para siempre. Don José María Gil Tamayo aludió a la importancia de esa vivencia en los momentos que vivimos hoy y acentuó la fuerza de la oración como sustento de la fe.

Recordó a los primeros cristianos como referente de nuestro modo de compromiso en la sociedad y la Iglesia -como ciudadanos y como laicos-, subrayando, a la vez, el papel primordial de los laicos en la Iglesia hoy.

Destacó la dedicación de la Institución a la labor de formación de la mujer y de los jóvenes.

Agradeció los cien años de la I.T. en Ávila, al servicio de la sociedad y de la diócesis. Valoró su presencia y su trabajo en tantas realidades educativas en la ciudad y en los pueblos de la provincia a los que han llegado las maestras de la I.T. y, en fin, puso mucha fuerza, en que la Institución Teresiana sigue siendo necesaria hoy en Ávila.

En la oración de los fieles, rezamos por la Iglesia, por las necesidades de nuestro mundo y por los que estábamos reunidos. No faltó la oración por todas las personas que en estos cien años han formado parte de la vida de la I. T. en Ávila y su provincia, que nos han dejado el recuerdo de su buen hacer, y de las que guardamos una memoria agradecida y entrañable.

Comenzamos la procesión de ofrendas, presentando al Señor, un cesto de frutos, significando que en ellos se guardaba un pasado generoso en trabajo y entrega, en siembra y en esfuerzo, y que a la vez llevaban el presente de nuestro compromiso renovado, que esa tarde confiábamos al cuidado del mismo Dios providente que nos ha guardado hasta hoy. ”Nuestra tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios”.

Junto al cesto de frutos llevamos en nuestras ofrendas un centro de flores, porque las flores siempre avivan en nosotros la sorpresa del secreto de la vida que guardan y, a la vez, son la fuerza que nos hace esperar lo más y lo mejor, de manera que esa tarde nos atrevíamos a decir que en nuestra tierra, las flores acabarían siendo un día el fruto del que ahora son promesa, porque el Señor seguirá bendiciendo nuestra tierra.

Con el pan y el vino, le pedíamos a Dios que pusiera en nuestra mesa su pan, el sustento necesario para la vida, y que nos ayudara para que ese pan suyo, junto con el pan de su Palabra y de su Hijo en cada eucaristía, pudiéramos nosotros devolverlo no solo en alimento del cuerpo, sino en alimento del espíritu. Además queríamos compartir la alegría de nuestro compromiso de colaborar con otros, para construir un mundo más justo y más humano, apoyando desde la fe, con la educación y la cultura, la verdadera dignidad humana en todos los ambientes. Contamos con la presencia de María la Virgen, que en todo momento le pedirá a Jesús y Jesús nos dará su mejor vino como lo hizo en las Bodas de Caná.

Como Teresa de Jesus, andando por el mundo…

Antes de terminar la Celebración con el canto de la Salve a la Virgen, Camino Cañón tuvo una breve intervención que transcribimos a continuación:

“Antes de despedirnos, resulta cordialmente obligado expresar una vez más, la gratitud de la Institución Teresiana a quienes habéis querido participar en esta Eucaristía con la que clausuramos el centenario de su presencia en estas tierras abulenses. En vosotros, en ustedes, nuestra gratitud a tantas personas, amigos y autoridades civiles que han contribuido a que hoy, quienes estamos aquí hayamos dado gracias por estos cien años.

Quiero agradecer especialmente al sr. Obispo de esta diócesis, D. José Mª Gil Tamayo, amigo de Pedro Poveda y de su Obra teresiana que haya querido presidir esta celebración. Gratitud especial también a D. Oscar, párroco de San Pedro, que nos ha recibido con la generosidad a la que nos tiene acostumbradas.

Gracias a los sacerdotes que nos acompañan, en quienes reconocemos el apoyo que la Institución ha recibido de ellos y de tantos otros que en estas diez décadas han ofrecido con generosidad, dedicación y gran cordialidad su servicio sacerdotal, su consejo y su amistad.

Y en este capítulo, me permito mencionar expresamente a los PP Carmelitas presentes y, también en ellos, a los que a lo largo del tiempo han ayudado a las personas y grupos de la Institución Teresiana, en particular aquellos a los que, sin nombrarlos, menciona Pedro Poveda, cuando al dar cuenta de la fundación en Ávila, decía: “Los carmelitas insisten en que vayamos a la patria de Santa Teresa. ¿Y nosotros? Pues deseándolo vivamente”. (EE 755)

Han pasado cien años desde que unas gestiones realizadas por tres mujeres: Isabel del Castillo, Carmen de la Vega y Dolores Pidal acordaran, con sus propietarios, la cesión de la casa de los condes de Montefrío a la Institución Teresiana, culminando así el deseo que prendió en la voluntad de Pedro Poveda en una velada informal con estudiantes en 1915.
Desde entonces, no ha faltado en Ávila la presencia y la actividad de quienes haciendo creíble la fisonomía seglar de la Obra de Poveda, interiorizaban generación tras generación, aquella expresión que el fundador había compartido con un grupo de miembros, durante ese mismo verano de 1919: “Quiero que seáis otras tantas Teresa de Jesús andando por el mundo. Como ella, robad los corazones de cuantos se os acerquen para llevarlos a Dios, y arrastrar con vuestra virtud a todos”.

Esta tarde, nos hemos encontrado para dar gracias al celebrar esta Eucaristía. Y lo hacemos por la siembra no interrumpida de semillas de Reino de Dios que desde aquella casa que generosamente se nos ofreció se viene realizando de modos diversos, según los tiempos; por las semillas que en tantos pueblos de toda la provincia de Ávila se han sembrado desde la escuela y la vida entregada de tantas maestras. Quienes se han hecho personas al calor de esa siembra, podrán decir que tuvieron la ocasión para aprender que, la ciencia en la que se iniciaron y la fe en la que se formaron, se integraban bien en personalidades profundamente humanas y todas de Dios, con la sencillez y simpatía del talante de la Santa de Ávila.

Y, junto con el cordial deber de dar gracias, una celebración de la vida centenaria, mira el pasado como una fuente subterránea de energía para emprender el camino de futuro que se le abre. Las dificultades de la historia, la precariedad de personas y de recursos para llevar a cabo los proyectos, no han tenido en ninguno de los tramos la última palabra. Ahora, con la ayuda de Dios, tampoco han de tenerla. Vivimos en tiempos de escasez, pero no es escasa la confianza en el Padre de Jesús, al que cada día le pedimos el regalo de ese pan necesario para sostener la vida que queremos ofrecer.

La Institución Teresiana fue invitada, el pasado año en su Asamblea General, a testimoniar la experiencia de comunión, propia de quienes tienen como referente de su modo de estar en la sociedad a los Primeros Cristianos. Y, junto con esta invitación, recibimos también el envío a ser sembradores de esperanza como miembros de una Obra de Iglesia que se vive en salida. Una salida que realizamos en busca de senderos para acompañar y participar de los cuidados que, los hermanos más desprotegidos y frágiles de la tierra, necesitan desde esa mirada de la ecología integral a la que continuamente el Papa Francisco nos invita.

Me permito terminar estas palabras con otras de la Santa citadas por san Pedro Poveda, que son expresión de un deseo y una invitación para todos nosotros: “…no entendamos cosa en que se sirve más al Señor, que no presumamos salir con ella, con su favor”.  ¡Muchas gracias!”

Quienes nos acompañaban esa tarde, cerraron su intervención con un fuerte aplauso.

Encuentro en la Casa

Terminada la Eucaristía, compartimos un Vino Español en la Casa de la Institución en Ávila, convertida en hogar común y lugar de recuerdos entrañables para muchos de los presentes. Su presencia y compañía ha hecho más rica y universal la alegría y la fiesta de nuestro Centenario.

El encuentro informal permitió la expresión de muchas vivencias de cariño, valoración y reencuentro con profesoras, compañeras de estudios, amigos y colaboradores, que en muchos casos han acudido a la celebración desde distintas ciudades. Pudimos disfrutar de un ambiente de familia, una familia a la que mayores y más jóvenes manifestaban tener la suerte de pertenecer.

Al final de los actos conmemorativos del Centenario de la presencia de la I.T en Ávila, agradecemos la vida sembrada durante tantos años y miramos al futuro con esperanza. Por ello, seguimos repitiendo que “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

Comisión para la Celebración del Centenario de Ávila