De regreso a nuestra Galilea de cada día, cierro los ojos y aún veo y siento de cerca los momentos compartidos con esta familia grande que es la IT, en nuestra casa de Santa María de los Negrales.

A ti que me lees, quiero contarte lo vivido desde que llegamos a Jerusalén. Es mi deseo que todas estas palabras sean auténtico pregón de Pascua, como el de aquellas primeras mujeres que fueron a proclamar emocionadas que Cristo había resucitado. Quiero anunciaros, pues, lo sucedido en estos últimos días con Jesús, nuestro amigo, nuestro maestro, el hijo de María, que apenas hace una semana era aclamado por la multitud cuando entraba en la ciudad para celebrar nuestra fiesta grande…

El miércoles

Éramos tantos, y estábamos tan felices… Habíamos venido de todas partes para celebrar la Pascua junto a Jesús: de Galilea, de Judea, de Madrid, Sevilla, Málaga, Barcelona… hasta de Samaría y de la Decápolis. Algunos ya habíamos coincidido en Jerusalén otros años, en estos días santos. Pero no todos. Así que el miércoles por la noche fue el momento de presentarnos, conocernos, y tejer lazos de familia que va a sentarse a una misma mesa. Todos estábamos expectantes: a Jesús le habían aclamado como rey… y, si no hubiera sido por aquello del Templo…

procesión al monumento

El jueves

Por la mañana, en medio del trajín de los preparativos de la fiesta, aún tuvimos tiempo para sentarnos a escuchar a Jesús, que nos hablaba de un Padre que no se cansa de perdonar, que sale cada mañana a la vera del camino y mira al horizonte a la espera de que regresen los hijos que se fueron de su lado… Fue la ocasión de dejar entrar a Dios por dentro, y de arrepentirnos de nuestros inviernos, soñar nuestras primaveras, agradecer los frutos de nuestros veranos y compartir la plenitud de nuestros otoños.

oración jueves noche

Y de ahí a la mesa de la Pascua, que nos convirtió a todos en una sola familia, la de Jesús, la de aquellos que compartimos un mismo pan y un mismo vino, y esperamos una misma libertad en su amor. Lo que nunca olvidaré, he de decirlo, es que Jesús se levantó de la mesa… así, como suelen hacer los esclavos, y se empeñó en lavarnos los pies. Y mientras lo hacía, iba diciendo unas palabras que entonces no logré entender, pero que ahora voy comprendiendo “no he venido a ser servido, sino a servir”. Y uno a uno, nos desataba las sandalias y decía: “me arrodillo ante los refugiados, que tuvieron que dejar atrás sus casas y sus familias, me arrodillo ante los que han perdido la esperanza, ante los que tienen un hogar roto, ante los que viven en soledad, ante ti, ante todos” ¡Quién nos iba a decir a nosotros que el viernes caería de rodillas bajo el peso de la cruz de todos los hombres que sufren y mueren!

Después de la cena, nos pidió que le acompañásemos a rezar. A Getsemaní, decía. Allí donde habíamos ido tantas veces. El agua de la lluvia golpeaba los cristales. “Jesús -le dijimos- no se puede, mira cómo está la noche. Si quieres, te acompañamos por la casa”. Andaba inquieto. Algo barruntaba. Apenas había diez pasos entre el cenáculo, lugar del amor compartido, y el lugar de la duda y del abandono. Allí, por un momento me dormí, pero creo que, entre sueños, le escuché llorar.

Y de ahí, al sitio donde le traicionó su amigo, o quizá todos, ya ni lo sé. Solo recuerdo que vi pasar un niño raro, con una careta, que llevaba una bolsa con treinta monedas.

Y yo siempre detrás, Jesús, pero tan lejos, con tanto miedo y tanta cobardía…

juicio a Jesús

La casa de Caifás y su “dios-muerte”, el palacio de Herodes con sus luces y sus payasadas, el pretorio y el poder aplastante del imperio, con aquellos soldados que te pegaban y se reían porque ellos eran muchos y tú eras solo uno y te veían vencido, tirado por el suelo… risotadas, disfraces y miedo. Y yo ahí mirando sin hacer nada, sin poder hacer nada.

¡Si no hubiera sido por lo del templo!

El viernes

Y llegó el juicio, el fiscal implacable, los testigos que acusaban y sus testimonios falsos: que no respetabas el sábado ni la ley de nuestros Padres, que habías pisoteado la alianza que el Señor había sellado con Moisés; terrorista peligroso que quería soliviantar al pueblo contra el poder de Roma; mago, comediante, trilero, siempre intentando engañar a la gente con tus trucos de hechicero.

Y nosotros, tus amigos, y tu madre, intentando salvarte declarando a tu favor. Nunca podré olvidar las palabras de tu madre. Recuerdo la emoción y el silencio, y al abogado de la defensa: “Señora María, ¿nos podría decir cómo era su hijo?”

“Cierra los ojos y escucha -me decía- que está hablando María”, y sus palabras me iban meciendo el corazón despacito: “un niño normal, como todos, jugaba en la plaza, alguna vez se enfadó de niño, porque no soportaba la injusticia, amigo de todos, quería a todo el mundo”.

viacrucis2019

Y el fiscal enmudecido, ni la maldad le salía: “¿Qué le pregunto yo a esta mujer?”. Y María Magdalena, con su candidez: “Ya se sabe, señor fiscal, cuando a una le cuelgan el sambenito”.

Y la confesión de fe de José de Arimatea: “Si hasta hoy he seguido a Jesús clandestinamente, hoy estoy aquí para manifestar públicamente mi fe en Él y su mensaje”.

Y el niño Joel, que te oyó reñir a tus discípulos porque separaban a los niños de ti, y que fue testigo de aquellas palabras tuyas, “dejad que los niños se acerquen a mí”, con qué inocencia confesó que desde aquel día fuiste su mejor amigo y que quería ser como tú, ¡nada menos!

Todos quisimos salvarte. Tengo el presentimiento de que hasta el juez deseaba verte libre de una condena, que lo intentó todo, pero llegó la sentencia, y ese “no culpable” no nos supo a declaración de inocencia. Al final, la tarde se vistió de viernes santo y tuvimos que verte cargando con tu cruz hacia el calvario.

oración viernes noche2019

Y llegó el Via Crucis, y la lluvia golpeando contra los cristales. Y el silencio recogido de los que te acompañábamos. Y a pesar de la oscuridad de la tarde, algo nos hablaba de vida encerrada en el misterio de tu cruz: quizá la luz de las velas que los niños habían decorado con tanto amor.

Cayó la noche y Dios enmudeció. La oración a tus pies la habían preparado los más jóvenes con inmensa ternura. Nos habíamos retirado todos, pero ellos no querían volver a sus casas, no querían abandonar tu cruz en manos de la muerte, buscaban un sentido.

El sábado y el domingo de madrugada

Con el sábado cesó la lluvia, pero tú ya no estabas. Miedo, duda, frustración, desconcierto…

sabado ante la Virgen

Nos reunimos en torno a María que nos hablaba de esperanza, de su convencimiento de que la cruz no podía tener la última palabra. ¿Qué mujer fue la primera en tener la certeza de que el Hijo de Dios había resucitado?

De su mano llegamos al sepulcro en medio de la noche, cargados de aromas y perfumes, y con ella fuimos testigos de tu resurrección, Cristo vivo que nos llamas a todos, y a la creación entera, a una vida nueva en ti.

Y comenzó la fiesta, los niños cantando la liberación de Israel; la música, la danza y las flores; los adolescentes y su gesto de paz; los jóvenes “whatsappeando” con Dios Padre el Padrenuestro; la acción de gracias, el envío, la lavanda, y hasta una ardilla que se había salido de nuestro cartel de la Pascua, y que correteaba por allí como primicia de la vida resucitada que se nos promete en Cristo.

Y hoy con el Resucitado, que nos sorprende apareciéndose en los gestos sencillos, cotidianos, en la eterna orilla del lago de nuestras vidas, a la vuelta de pescar mucho o poco, en nuestra Galilea de cada día.

Pascua Negrales2019
Vigilia Pascual

Ana Isabel Cristóbal.
Equipo de la Pascua, 10 de mayo 2019.