El 9 de febrero nos convocamos en Córdoba todas las personas de la Unidad Asociativa en la sede, Plaza de la Concha, a iniciativa del Área de acción social, para tomarnos el pulso en nuestro compromiso con la exclusión y marginación de nuestra ciudad, a través del reconocimiento de las presencias que mantenemos en estos campos.

Teníamos ganas de encontrarnos pues, a lo largo de estos años, han sido múltiples las llamadas de la Institución a “ponernos en marcha” para defender los derechos de los más desfavorecidos, para procurar la hermandad universal, desde la vivencia profunda del Evangelio.

 La Institución pide respuestas

pulsocordoba

Ya en la asamblea general de 2012 se nos dijo: “La Institución Teresiana, llamada hoy a dejarse llevar por el Espíritu, está urgida a prestar atención a las necesidades del mundo y a responder evangélicamente, a la manera de Jesús, pobre, hermano de todos y siervo (…) este es el vino nuevo (…) que humaniza y transforma; vino nuevo que precisa odres nuevos (…) esta novedad necesita oración, reflexión entre nosotros y con el mundo”.
Y Maite Uribe en su Carta de 2016: “No podemos ser insensibles, como no lo fue Dios cuando vio la opresión de su pueblo. Entremos creativamente en relación con grupos y asociaciones que buscan respuestas adecuadas y gestos oportunos, porque la indiferencia es una negación del amor”.
En la Carta de 2018: “Sabemos como creyentes que la fe es un motor fundamental de la búsqueda, de la inquietud, de la preocupación por la realidad que nos rodea. Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo”.

Desde esta perspectiva analizamos, esa tarde, la respuesta que individual y colectivamente estamos dando a esta llamada. Nos reconocimos presentes en once campos de misión: inmigración, trabajo con mujeres, apoyo educativo, prisiones, banco de alimentos, comunidades de aprendizaje rural, sanidad, Caritas parroquial, trabajo en barrio de Palmeras, proyecto rural de Hornachuelos y acciones del Colegio Bética-Mudarra. Una persona de cada uno de estos campos fue exponiendo su trayectoria y las acciones que actualmente llevan a cabo, compartiendo –y esto nos ayudó mucho- desde dónde nos situamos en la tarea.

Trabajo con mujeres

Sería muy extenso exponer aquí lo que aportó cada grupo. Haré referencia -a modo de ejemplo, pues todas las tareas son igualmente importantes- a uno de ellos: el trabajo con mujeres.

Estamos presentes:
− En Centro de Cultura Popular en la zona del Campo de la Verdad:

  • Objetivo: formación cultural y promoción de la mujer.
  • Participación: unas sesenta mujeres de tercera edad.
  • Actividades: charlas de formación, visitas culturales, talleres de desarrollo de de la memoria para las más mayores.

− En una parroquia de barrio: taller “Mujeres con solera” (intercultural, dirigido a las que acuden a la atención primaria de Caritas).

  • Objetivo: potenciar la capacidad laboral y promoción de autoempleo junto al desarrollo integral de la persona.
  • Participación: mujeres, de veintidós a cuarenta años, en el mundo de la exclusión.
  • Duración: dos años. Subvencionado por Caritas Diocesana.

− En otra parroquia de barrio:

  • Taller de lecto-escritura para mayores de sesenta y cinco años, aunque últimamente se están integrando jóvenes inmigrantes árabes.

− En Asociación de mujeres” Alba”, perteneciente a otro barrio.

  • Objetivo: empoderamiento personal e implicación en el desarrollo comunitario del barrio y su dinamización socio-cultural.
  • Participación: mayores de más de cuarenta años.

El trabajo en este campo nos permite conocer la realidad de mujeres mayores con experiencias de vida, a veces, muy dura, pero con enormes ganas de vivir, de buscar relaciones de amistad; con deseos de aprender y desarrollar sus capacidades personales; con afán de aprovechar las oportunidades que en otro momento se les negaron; mujeres abnegadas y generosas que son felices compartiendo su casa y su pensión  para sacar adelante a sus hijos, envueltos en situaciones de paro, desahucios, rupturas de pareja…
Las mujeres de mediana edad, en su mayoría empleadas de hogar, luchan por sacar adelante con su sueldo, único que entra en la casa, la unidad familiar y por buscar también oportunidades para los hijos. Su capacidad crítica ante la realidad social las hace sensibles a la denuncia y al compromiso con un cambio de sociedad.
Las más jóvenes viven situaciones de supervivencia, con malas condiciones de habitabilidad por carencia de recursos económicos, afectadas por el paro, malos tratos… pero sin perder la capacidad de seguir luchando.
Las inmigrantes buscan, prioritariamente, acogida y personas con quienes compartir su vida.

¿A qué nos interpelan?

Nos ayudan a cuestionar nuestros estilos de vida y ser conscientes de los privilegios de que disfrutamos; a constatar que los derechos humanos básicos ,que deberían ser universales, están violados para gran parte de la población; a reconocer la dignidad de cada persona independientemente de sus condiciones y carencias; a implicarnos con ellas en sus reivindicaciones a las Administraciones Públicas solicitando programas de empleo, rehabilitación de viviendas sociales, regeneración urbana de los barrios que posibiliten unas condiciones humanas de vida ; a sentirnos instrumentos, contentas de estar ahí, manteniendo siempre una actitud de aprendizaje.

Contemplar, en conjunto, nuestra implicación en las realidades exclusión y marginación ciertamente ha sido una experiencia muy rica y ha marcado un hito en toma de conciencia; mayor conocimiento y valoración mutua; respeto profundo y acogida a la tarea de cada una; colaboración con otros y, aunque nos falta mucho camino a recorrer, sentir la satisfacción de que vamos aumentando nuestra sensibilidad y todas, prácticamente,  estamos implicadas en ello  aportando nuestro granito de arena en cada campo.

Ana Córdoba.
Córdoba, 2 de abril 2018.