Por un encuentro fortuito, quienes firmamos este artículo experiencial nos encontramos a mediados del mes de agosto “veraneando” como guías turísticas voluntarias en Guadix; ciertamente no era el lugar más adecuado para soportar el calor de este año. Bien es verdad que podemos decir que pasábamos la mayor parte del día en una cueva donde la temperatura es bastante llevadera. Toda esta historia no es fácil de hacérsela entender a cualquier vecina o al compañera de trabajo. Pero tiene su explicación y por eso lo contamos, por si alguien se anima para otra ocasión.

Guadix tiene dos zonas bien diferenciadas: la de abajo donde está la catedral, el palacio arzobispal, la alcazaba, etc. y la parte de arriba donde están las cuevas, tan atrayentes para los turistas por el paisaje tan espectacular que ofrecen. Hasta aquí arriba llega periódicamente un trenecillo turístico que evita a los turistas la trabajosa subida a pie, más con un buen sol sobre la cabeza.

El turista se encuentra con los cerros coronados por las chimeneas blancas. Muy bonitos, pero hay que puntualizar que lo mejor está dentro de los cerros, en las cuevas. La Iglesia tiene en su interior, en una ermita-cueva, la imagen de su patrona la Virgen de Gracia. Tuvimos la suerte de llegar en los días de su fiesta y asistimos a la procesión en la que la pasearon, acompañada de devotos vecinos, por muchas de las calles, empinadas generalmente. La procesión duró bastante pues cada pocos pasos se paraba para acoger las peticiones o acciones de gracias a la Virgen expresadas por lanzamientos de cohetes. La procesión terminó también con fuegos artificiales y una gran traca final. ¡Quién nos iba a decir que aquí eran tan aficionados a estos ruidos como en Levante!

La cueva del Padre Poveda

Aunque acompañar a la Virgen fue agradable, nosotras veníamos con otra misión: enseñar la cueva en la que vivió el Padre Poveda (con ese adjetivo le suelen llamar aquí) y a eso nos lanzamos con cierto recelo que enseguida superamos. Llegó el tren turístico y aparecieron despistados algunos turistas que se asomaban a la puerta y a los que invitábamos a ver una cueva original sin más aditamentos que los necesarios para su conservación y en la que vivió a principios del siglo XX Pedro Poveda un sacerdote cuyo nombre aparece por muchos lugares de este Guadix en el que acababan de poner los pies.

Algunos más interesados que otros, se dejaban explicar los paneles y fotografías en los que se ve un Guadix de principios del siglo XX, las fotografías de la fiesta de la colocación de la primera piedra de las escuelas que levantó, así como la de las escuelas ya terminadas, las noticias de “El  Accitano”, el periódico local, las letras de Pedro Poveda cavilando dónde encontrar las 10.000 pesetas que necesitaba para pagarlas, etc.

En otra de las estancias de la cueva, que en su origen era la cuadra, se exponen las páginas del folleto “Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús”, que escribió con la idea de recaudar más fondos para extender su labor en las cuevas; baste citar los títulos de los capítulos para percatarse de su idea: “Dadnos de lo superfluo; pan para los hambrientos, ropa para los desnudos; iglesia, alumbrado y material para las clases de adultos…”. Todo un programa que los visitantes entendían perfectamente.

Dos documentos simpáticos: la factura y los recibos de los pagos fraccionados de la máquina de coser y de hacer punto que compró y alquiló para que trabajasen las mujeres, y otra con material escolar: tinteros, plumas, portaplumas; (curioso era ver la cara de la gente joven ante este material del que no habían oído hablar nunca). Y en lugar destacado la foto tan conocida de Pedro Poveda con los cueveros y entre sus brazos, Juanico, que aseguraba que “el Padre Poveda les había hecho personas”.

Los visitantes se iban interesando por la vida de esta figura tan significativa, sobre todo cuando podían leer el Acta por la que le nombraban Hijo Adoptivo de Guadix. En otra estancia de la cueva se exponen las fotos de sus padres y unas páginas de la minuciosa contabilidad que llevaba con su preciosa letra don José Poveda y algún documento más.

Para nosotras venía entonces el momento de comentar la salida de san Pedro, su estancia en Covadonga, Jaén y Madrid, su preocupación por el problema educativo en la España de su tiempo y su respuesta: la Institución Teresiana.

Por último, informábamos de que a Pedro Poveda le mataron en la guerra por sus ideas y de que en la cueva que estaban visitando no solo había vivido un personaje que había hecho una gran labor en Guadix sino también una persona que era santo, san Pedro Poveda.

Testimonios impactantes

Todo muy sencillo, pero ¡había que ver, cómo calaba en algunas personas! En la cueva hay un libro de testimonios. En él podemos leer, por ejemplo:

“María y Manuel vinieron a Guadix esperando ver las casas-cuevas y conocimos a un gran soñador y amante de la mejora de la educación de su pueblo. 23/8/2017”.

“Una visita muy especial.  Nos han explicado la vida de Pedro Poveda de tal forma que cualquiera querría sumarse a la causa. Yolanda y Sergio”

Y otras más sencillas: “Cuántas cosas bonitas que hizo. Marta”.

Durante el mes de agosto, visitaron la cueva 940 personas (¡no está mal!) muy distintas: españoles de diferentes regiones, sobre todo catalanes oriundos de Andalucía, italianos, franceses, ingleses, algún alemán y estadounidense, americanos del sur… hasta de Sri Lanka (bendito Google que nos situó en el mapa a esta bella isla, antigua Ceilán). Visitantes muy variados: grupos de personas, generalmente mayores, procedentes del cercano balneario de Graena, más de cien que hicieron una ruta cultural auspiciada por el centro cultural Pedro Suárez tomando como personaje-clave a Pedro Poveda, desde Guadix hasta la Ermita Nueva terminando el recorrido en nuestra cueva, o las personas que participan en las Jornadas Universitarias en Granada.

Personas que no conocían de nada a Poveda, otras que eran antiguas alumnas o alumnos, seminaristas interesados por su figura, profesores, alguno de un Centro IT, familias con niños, parejas… ¡Nunca pensamos que pudiéramos tratar con tantas personas!

Fueron quince días llenos de “trabajo”, de la ilusión de dar a conocer a Pedro Poveda, su labor todavía viva en Guadix, y el testimonio de toda su obra y su fecunda vida. A esto es a lo que se le llama la “EXPERIENCIA DE GUADIX”, agradable y enriquecedora experiencia. Para quien quiera apuntarse, añadimos que, al lado de la cueva, pared con pared, hay una cómoda casita en la que se vive estupendamente los ratos en que no hay “trabajo”.

Nuria Nácher y Pilar Pazos.
Madrid, 20 de septiembre.