Dentro del programa de actividades que en el domicilio Social de la Institución Teresiana en Sevilla ofrece cada año a la ciudad, tuvo lugar el pasado mes de marzo una charla titulada “Sobre mujeres, feminismos y género”. Consuelo Flecha García fue describiendo conceptos que nos hemos acostumbrado a utilizar, si bien no siempre entendiéndolos con un mismo significado.

El recorrido por cada uno de ellos permitió al numeroso grupo de personas asistentes, compartir significados, comentarios y aportaciones, por lo que hemos pensado que es interesante compartir este resumen.

La Igualdad y su presencia en las leyes como un fruto de la conciencia y la demanda de las mujeres, además de como exigencia de respeto a los derechos humanos.

El Feminismo, los feminismos, un movimiento social de denuncia y de vindicación de derechos, globalmente rodeado de demasiadas, y tantas veces injustas, connotaciones negativas. El feminismo no es uno, hay distintos feminismos.

El Género como categoría crítica de análisis que ayudó a desvelar desigualdades entre los sexos derivadas de una naturalización de cualidades, actitudes, conductas, emociones, funciones, etc., y a las que se asignaba distinta valoración social. En consecuencia, muchas mujeres y algunos hombres han querido desprenderse, o incorporar a su identidad personal, cualidades y características no aceptadas anteriormente, bien en un caso, bien en otro; lo cual ha sido más visible en las mujeres.

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Ideología de Género. Género un concepto polisémico que, junto al de ideología, llevamos tiempo escuchando en el ámbito de algunas iglesias, católicas y evangélicas sobre todo; se presenta como una realidad, la Ideología de género, que provoca desasosiego, que despierta rechazo, que se considera fuente de los males que afectan hoy a muchas sociedades. Una representación mental que incluye muy diversos niveles de contenido con la finalidad de acentuar aquellos que esos grupos no aceptan y que tienen que ver con el reconocimiento y el trato personalizado de quienes muestran una condición identitaria diversa. Son una minoría, pero que no pueden ser obviados en los procesos educativos de las familias y de las aulas.

El Androcentrismo, que pone al hombre en el centro de cualquier realidad, y al punto de vista y al criterio masculino como los únicos objetivos y verdaderos, generalizando su validez a toda la humanidad.

El Patriarcado, tipo de organización social en la que los hombres, por el hecho de serlo, ejercen el poder, generando una dinámica de relaciones justificadas en la prioridad de un sexo sobre otro. Un poder auto-asignado que supone capacidad de decisión y de control sobre la vida de otros hombres y de todas las mujeres.

El Sexismo, o trato desigual y discriminatorio en virtud del sexo biológico. Una consecuencia de actitudes cargadas de estereotipos, que afecta más a las mujeres, y que mantiene posiciones de dominio y de subordinación. El sexismo está tan interiorizado que con frecuencia pasa inadvertido; pero se difunde en los medios de comunicación, en la selección de contenidos de enseñanza, en el lenguaje, en la organización escolar y familiar, en las relaciones interpersonales, en las redes de intereses. Y tiene una profunda conexión con la violencia hacia las mujeres.

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La Masculinidad está también cargada de estereotipos que no favorecen los cambios que algunos hombres quiere incorporar y que están ya incorporando. Pero es fácil comprobar que hay una crisis del modelo masculino heredado. Hay adultos que no se sienten cómodos y hay jóvenes inseguros antes esta necesaria evolución de cualidades y funciones.

Se finalizó aportando que este tipo de cuestiones no pueden entenderse como una preocupación sólo de mujeres. Sí aporta mayor equidad a su modo de presencia en el mundo, pero beneficia de igual forma a los hombres en la medida que mejora las relaciones sociales, hace avanzar en justicia y fortalece la democracia.

Equipo Información Ámbito 10.
Fotos: Conce Holgado.
Sevilla, 19 mayo.